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Cómo la violencia de género se desarrolla en las parejas adolescentes

Una víctima de violencia machista en su adolescencia cuenta su experiencia y los expertos advierten de que el mito de la igualdad en las parejas jóvenes esconde un amor que se sigue basando en las relaciones de control.

Patricia Rafael

Foto vía Pixabay

El día que a Pamela Palenciano su psicóloga le dijo que había sido una adolescente maltratada por su novio entró en shock. "¿Pero cómo?", le preguntó. "Si nos pegábamos los dos". Su terapeuta le respondió: "Pamela, en la vida no solo duelen los golpes".

La joven estudiaba el tercer año de la carrera de Comunicación. Hacía tres que había roto con su ex pero esa frase le sirvió para empezar a "ordenar la telaraña que tenía", como cuenta a Broadly Palenciano, quien ahora tiene 33 años. "Tenía la sensación de que era muy macho porque yo también le pegaba pero poco a poco empecé a ponerle nombre a todo lo que me había pasado durante los seis años que estuve con él", dice.

Ella tenía 12 y él 14 cuando empezaron a salir. Y solo años después comprendió como el principio de su relación sirvió para aislarla de su entorno y de lo que le gustaba. "Yo siempre había practicado taekwondo, incluso él llegó a venir conmigo a algunas clases hasta que dejé de ir", explica. Un día él le dijo: "Venga, no vayas, vamos a hacer otra cosa". Él había dejado de ir por el trabajo y poco a poco fue convenciendo a su novia para que ella también abandonara su deporte favorito. Con 14 años estaba a punto de examinarse de cinturón negro -el nivel más alto- y jamás se presentó a las pruebas.

Luego llegó el control. De lo que se ponía, con quién hablaba. "Mi amor, te lo digo porque te quiero, que los tíos son así", le decía cuando se acercaba a quien no debía o llevaba una ropa que a él no le gustaba. "El control yo lo tomaba como cuidado, como amor", dice la joven.

Discutían. Él la emprendía con la pared y luego se pasaba toda la noche sin dirigirle la palabra. "Yo le decía pero qué te pasa, dime qué narices te pasa", cuenta ella que le preguntaba una y otra vez. Pero él no le decía nada. Hasta que ella explotaba, terminaba a gritos y él le acababa diciendo "Ya ves cómo me tratas".

"Al final me acababa sintiendo muy culpable y esa es la primera manera de aislarte como víctima", afirma. "Ves, si es que siempre llegamos tarde porque te paras a hablar con todo el mundo", le decía su novio. Todo salía mal por ella. Incluso cuando llovía era porque se había pintado demasiado la raya del ojo. A los tres años de relación se cansó del círculo de perdonarle una y otra vez. Los dos últimos ya no le quería. "Pero seguía con él por miedo y por vergüenza", detalla.

Dos veces estuvo a punto a matarla. "Un día empezó a estrangularme y sentí cómo me quedaba sin oxígeno pero en ese momento no lo percibí tan peligroso", explica. A los 18 años empezó su carrera en otra ciudad y fue la oportunidad para romper definitivamente, aunque no faltaron las amenazas. "En aquel momento no existían las redes sociales y estoy segura que me hubiera controlado por ahí", afirma.

Desde hace seis años Palenciano recorre los institutos con su monólogo y taller No solo duelen los golpes, con el que cuenta a los adolescentes los seis años de relación con su maltratador y con el que logra que chicos y chicas se cuestionen lo que entienden por maltrato y amor. "El problema es que seguimos identificando la idea de amor romántico con el control, con los celos", explica Palenciano. Y de ahí que se vean normales situaciones que no lo son.

"El problema es que seguimos identificando la idea de amor romántico con el control, con los celos"

En un estudio encargado el año pasado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, el 29 por ciento de las chicas de entre 15 y 29 años consideraba inevitable o aceptable que en algunas circunstancias sus parejas les controlaran los horarios, les impidieran ver a familiares o amigos o decirles qué cosas podían o no hacer. Entre ellos, el porcentaje subía al 34 por ciento.

"La gran mayoría de las víctimas menores de edad no se identifican como maltratadas, les cuesta mucho aceptarlo", explica Miriam Cejudo, psicóloga del Servicio de Atención a víctimas de violencia de género de la Federación de Mujeres Progresistas, quien subraya que la inseguridad y el sentimiento de culpa que sienten no las diferencia en la dificultad a la hora de pedir ayuda externa de las víctimas adultas.

Sí hay un elemento diferenciador y son las nuevas tecnologías. "Su uso hace que la escalada de violencia sea mucho más rápida porque el control es mayor", señala la experta a Broadly. "Partimos de la base de que la juventud comparte todo su mundo en la red y si ya ocurre en una relación normal, en una de maltrato el control es mayor", explica. Los agresores suelen pedir a sus novias las contraseñas. "¿Es que no confías en mí?", les dicen si ellas no quieren dárselas.

"Los adolescentes son nativos digitales, viven y socializan en una cultura de la inmediatez", afirma Cejudo. En las relaciones de violencia de género ese control es inmediato. "¿Seguro que no estás en tu casa?", le pregunta el chico a su novia. Él insiste: "Mándame una foto de tu cuarto para que vea que es cierto".

Los agresores suelen pedir a sus novias las contraseñas. "¿Es que no confías en mí?", les dicen si ellas no quieren dárselas.

Las agresiones sexuales, explica la especialista, "igual no han sido muy violentas pero ella no siempre quería". Les dicen ellos: "No me seas sosa"; "venga, demuéstrame que ya eres una mujer". La sextorsión -el chantaje con imágenes o vídeos de contenido sexual- se convierte en una forma más de maltrato. "Mándame una foto con esa ropa tan sexy que te has comprado", les piden. "En un aparentemente consentimiento ellos hacen un uso indebido porque empiezan a amenazarlas con enseñar esas fotos; no hay agresión física pero tiene un efecto multiplicador del daño muy grande", señala Cejudo, quien subraya que para los adolescentes la imagen virtual es toda la vida.

El problema ahora, señala la experta, es que se han normalizado cosas que antes no eran normales como la "sexualización" de las chicas a una edad cada vez más temprana y la persistencia, como también señala Palenciano, de un amor romántico basado en el control. "Ahora tiene un maquillaje diferente porque las chicas ya no son pasivas pero sí se mantiene la idea de un amor como exclusividad en el que se normaliza el conflicto y se renuncia a una misma por él", subraya Cejudo.

En opinión de la psicóloga existe un mito de igualdad "pero como todo mito es irreal" para explicar por qué a las adolescentes víctimas de violencia machista les cuesta identificarse como tal. "Pero cuando empiezan a entenderlo, comienzan a trabajar un proceso para comprender cómo son las relaciones de pareja; al final se recuperan antes que las adultas y con mucha esperanza de tener una vida muy buena", señala.

Palenciano recuerda la relación con su siguiente pareja tras los seis años con su maltratador. "No tenía nada que ver y yo llegué a pensar que estaba con otra porque no entendía una manera de amar en la que no había celos ni control", explica. Al final él decidió acabar la relación. "Porque te quiero me voy", le dijo. "El amor es para crecer y el momento en que no creces hay que terminar", subraya la monologuista.