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En busca de la nota orgásmica, la nota que hace que las mujeres se corran

Corre el rumor de que existe una nota musical que hace que las mujeres lleguen al orgasmo de forma involuntaria. Pero, ¿hay algo de cierto en ello? Nos embarcamos en una investigación científica para averiguarlo.

Sirin Kale

Sirin Kale

Illustration by Grace Wilson

En realidad, el desarrollo de una sociedad se mide por el nivel de ingenio que muestran sus mujeres a la hora improvisar nuevas formas de correrse, desde tubérculos vegetales hasta salchichas para perros. Pero, ¿qué pasaría si hubiera un modo más sencillo de correrse, uno que de forma mágica precisara cero esfuerzo? ¿Qué pasaría si fuera posible llegar al orgasmo únicamente mediante el sonido?

La nota orgásmica es una legendaria y mítica nota musical que supuestamente hace que las mujeres se corran sin ninguna estimulación física. Ninguna. Si buscas en internet verás foros llenos de hombres ―siempre son hombres― que debaten sobre su existencia (al parecer los hombres se sienten fascinados por esa nota porque combina sus principales intereses: la curiosidad infantil sobre los genitales femeninos, la oportunidad de medírsela frente a otros colegas en lo que respecta a la tecnología y la búsqueda de una forma realmente fácil de hacer que las mujeres se corran).

"Esta noche voy a hacer un pequeño experimento", escribe un usuario. "He quedado luego con mi chorba... en el nombre de la ciencia, [voy a] sentarla sobre el ampli de mi bajo y a tocar la nota F# (sol bemol) un montón con el bajo y ver si llega donde quiere llegar". Tras un breve debate acerca de si el sol bemol es la nota óptima y sobre los pros y los contras del bajo en comparación con una caja de batería, uno de los usuarios lanza de pronto una respuesta extremadamente heteronormativa: "Creo que no te va a salir bien", dice desesperanzado. "Deberías intentar emplear el pene para satisfacerla en lugar de eso".

Las mujeres llevan empleando la vibración para correrse desde tiempos inmemoriales, desde los vibradores accionados a mano que se empleaban para masturbar a las mujeres victorianas con histeria hasta los cepillos eléctricos. Pero, ¿tener un orgasmo solo a través del sonido? Aunque al parecer técnicamente es posible ―el sonido se produce mediante vibraciones y las vibraciones son lo que fundamentan la multimillonaria industria de los juguetes sexuales―, yo soy escéptica. Empiezo haciendo lo que mejor se me da: enviar emails a desconocidos que encuentro en internet en busca de asesoramiento.

En el blog con el sexy nombre de Rummage through the Crevices (Rebuscando entre las grietas) leo acerca de una antigua estrella infantil llamado Craig Huxley que inventó una extraña y maravillosa máquina en los setenta que ―según cuenta la leyenda― tiene el poder de inducir el orgasmo en la oyente femenina con una única y poderosa nota. ¿El nombre de este aparato? El "Blaster Beam" (Rayo aniquilador).

Craig Huxley con el Blaster Beam, un instrumento del que se rumorea que hace que las mujeres lleguen al orgasmo únicamente mediante el sonido. Imagen cortesía de Craig Huxley

El Blaster Beam es un instrumento de aluminio equipado con varios brazos fonocaptores móviles (que capturan las vibraciones producidas por el instrumento y las convierte en señales eléctricas) y cuerdas que, cuando se tocan, producen "tonos viscerales graves". Puede que los fans de Star Trek reconozcan el Blaster Beam porque se empleó en la banda sonora de la película de 1979 Star Trek: la película. En lo que supone la única conexión que se conoce entre Star Trek y el orgasmo femenino, el Blaster Beam se tocó en un concierto celebrado en Nueva York en 1990 durante el cual ―según se rumorea― varias mujeres llegaron al clímax de forma espontánea.

Me puse en contacto con Craig Huxley a través de su hija, cuya dirección de mail encontré en internet. Tras enviarle múltiples emails, por fin llegó una respuesta: ¡Huxley deseaba hablar conmigo! Por desgracia, después de aquello Huxley y su hija dejaron de responder mis correos. Al parecer concertar una cita con un antiguo actor infantil para entrevistarle es tan difícil como hacer que alguien se corra sin tocarle.

Desesperada, recurro a fuentes algo más cuestionables. Aquí os muestro un vídeo de una mujer que supuestamente llega al orgasmo gracias al sistema de sonido de un coche (obviamente está fingiendo. Como antigua fingidora profesional, reconozco estas cosas). A continuación escribo un email a un hombre llamado David Jordan, autor de un sitio web llamado 33 Hertz and Sex. "La idea principal es que el orgasmo es una frecuencia", me responde. "Se produce gracias a nuestro sistema nervioso, que está diseñado para provocarnos orgasmos y electrifica nuestro cuerpo desde nuestra base hasta el cerebro". ¡Por fin algo de ciencia! Estoy extasiada, hasta que compruebo mi bandeja de entrada unos días más tarde y veo que Jordan me ha enviado por mail la letra completa del clásico de Leonard Cohen Hallelujah.

En ese momento pierdo la fe en el poder de internet y cambio de estrategia. Es momento de interrogar a un compañero de trabajo y conozco a la persona perfecta: Will, que solía tocar en una banda de hardcore.

La Magic Wand de Hitachi. Imagen vía Wikipedia Commons

"Will*, escucha", me inclino hacia él por encima de su mesa, "tú antes tocabas en una banda. ¿Alguna vez viste que alguna chica se corriera estando cerca de los altavoces?".

Will se sonroja ligeramente. "Mmm... pues no. La verdad es que no".

Hasta ahora, mis intentos por verificar la existencia de la nota orgásmica han resultado frustrantes e inútiles, como intentar hacerle una paja a alguien en la parte trasera de un vehículo en movimiento. Pero no pienso abandonar esta paja, no importa cuánto me duela la muñeca. Obtengo inspiración de todas las mujeres que a través de la historia han tenido que improvisar juguetes sexuales y me decido a pensar de forma creativa. En un extraño momento de lucidez, me llega una idea: ¡quizá puedo adivinar cuál es la frecuencia específica de la mayoría de vibradores y trabajar a partir de eso para localizar la nota orgásmica!

Me pongo en contacto con la Dra. Nikky Prause, que dirigió un reciente estudio en el que se investigaron las frecuencias de una gama de vibradores muy populares. Prause me explica que hay tres formas de medir un vibrador: la frecuencia, el desplazamiento y la aceleración. Por desgracia, ahí es donde la cosa se vuelve más complicada.

"No es tan sencillo como decir que 33 hertzios es la frecuencia óptima para un vibrador", explica Prause, refiriéndose a los foros de mensajes online que de forma repetida ―y por motivos que se desconocen― consideran que esta es la frecuencia más fiable para aliviarse. "Cuando dices que 33 hertzios son lo mejor, estás olvidando el factor del desplazamiento".

Había una "intensa variación" en las frecuencias de los vibradores empleados en los tests de Prause para llegar al orgasmo, bajo las condiciones del entorno de un laboratorio. "El patrón básico de estimulación que parece funcionar emplea intervalos crecientes", explica. "Diez segundos activado, diez segundos desactivado, 30 segundos activado, 30 segundos desactivado. Y hacia el final, simplemente se deja activado todo el tiempo". Cuando insisto, Prause identifica 110 hertzios —la frecuencia del Magic Wand de Hitachi— como la frecuencia más efectiva en sus experimentos de laboratorio. "Eso podría deberse simplemente a que es muy intensa", sugiere. "Es extremadamente fuerte".

A pesar de que Prause no es capaz de darme la frecuencia específica que induciría un orgasmo "sin manos", sigo sintiéndome alentada por sus palabras. ¿Cree Prause en la existencia de la nota orgásmica?

"Podría afirmarse que algunas frecuencias son más efectivas, porque las células de la vulva y el clítoris responden ante diferentes frecuencias", responde Prause. "Pero en última instancia mi teoría es que probablemente no, no existe". Dicho esto, reconoce que la nota orgásmica podría tener un efecto similar al placebo. "Mis investigaciones muestran que a la gente se le da muy bien emplear sus fantasías cognitivas para llegar al orgasmo. Si le dices a la gente que esa es la nota orgásmica verás lo poderosa que puede llegar a ser la sugestión".

Craig Huxley sentado sobre el Blaster Beam. Foto cortesía del protagonista

En todas las historias de búsqueda llega un momento en que el lector piensa que todo está perdido. Mi historia no es diferente. Justo cuando ya me había resignado a no saber nunca si la nota orgásmica existe en realidad, recibo otro email de la hija de Craig Huxley, Fiona. ¿Tengo un momento para una llamada por Skype? Tras semanas de emails, por fin concertamos una cita. Son casi las 9 de la noche en Londres y estoy sentada con las piernas cruzadas sobre la cama cuando el mismísimo Huxley aparece en la pantalla de mi portátil.

Estoy desesperada por preguntar a Huxley si existe la nota orgásmica, pero primero charlamos educadamente acerca del documental sobre elefantes que va a estrenar próximamente. Por fin, después de dar muchos rodeos y hablar de muchos famosos (su amistad con Michael Jackson al parecer se remonta a su infancia), aprovecho la oportunidad y le pregunto por la existencia de la nota orgásmica. ¿Puede un instrumento poderoso tener éxito allí donde tantos falos han fracasado y llevar a las mujeres al clímax?

Pues al parecer, sí.

"Es totalmente cierto", dice Huxley, con inconfundible orgullo. "Muchas mujeres me han dado las gracias por ello".

Me siento un poco rara haciéndole esta pregunta a Huxley siendo que su hija ―ambos tienen el mismo cabello de color rojo intenso― está sentada junto a él en lo que parece un taburete de piano. Sin embargo, parecen extremadamente relajados. Aparentemente, todo gira en torno a los chakras.

"El Blaster Beam estimula el chakra sacro, que se encuentra como 5 cm por debajo del ombligo", explica Huxley. "Y también estimula el chakra raíz, situado en el extremo inferior de la columna vertebral". Me habla vivamente sobre lo increíblemente grave que es la nota. "Está como una octava y media por debajo de la nota más grave del piano... Es la nota más baja que existe".

Cuando insisto en que me dé más detalles, camina hasta un piano adyacente y toca un trío descendente de notas. "supongo que es sobre todo una nota 'E' (un mi), indica, tocando repetidamente la última tecla. Pero el rango del Blaster Beam no puede en realidad compararse con el de un piano: es mucho, mucho más grave y profundo. "Desciende diez ciclos", afirma, "y el sonido es tan grave que se asemeja al de las ballenas". La explicación para esto es que el Blaster Beam es enorme, es un artefacto metálico de 5 metros y medio de longitud con unas cuerdas que se controlan mediante fonocaptores móviles que alteran el sonido.

Entonces, ¿son ciertos los rumores sobre aquel concierto de 1990 en Central Park, en el que múltiples espectadoras llegaron espontáneamente al orgasmo? "Sí", confirma Huxley. "no sé cuánto hay de ilusorio o de que la gente lo pase bien con la música", añade, "pero cuando he tocado en el estudio y he empleado distintos tonos y trémolos, muchas personas han indicado llegar a un estado orgásmico, ¡sin el inconveniente de tener sexo!", dice entre carcajadas.

Me siento eufórica después de hablar con Huxley, es como si el mismísimo director de la CIA me hubiera llamado personalmente para confirmarme que el hombre jamás ha pisado la luna. Por desgracia, no he tenido la oportunidad de escuchar ese Santo Grial ―ese "mi" subterráneo― porque Huxley ha extraviado su instrumento de 5 metros y medio y no recuerda dónde se encuentra exactamente el Blaster Beam en la actualidad. Pero no me preocupa. He conseguido triunfar allí donde tantos hombres han fracasado: he conseguido llegar hasta la forma más perezosa posible de hacer que una mujer se corra.