Hice un trío con mi novio y su amante

Me mira y me dice: "¿Te importa si beso a tu novio?". Se me retuercen las tripas y no puedo mirar, pero tengo que hacerlo.

por Hayley Quinn; traducido por Eva Cañada
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07 diciembre 2017, 6:30pm

En mis salvajes años de juventud hice algunos tríos bastante buenos y otros que fueron un poco producto de un error de juicio. Siempre pienso que los tríos son como el sexo normal. Puedes tener algunos realmente buenos, algunos realmente extraños y todo lo que va entre medio de ambas opciones. En mis primeros años de juventud yo era un conejillo de indias humano en lo referente al mundo de las citas y el amor.

Cuando tenía 18 años, mi primer novio, al que realmente amaba, estaba bastante dentro de la onda de la comunidad de artistas del ligoteo. Acudió a una convención de artistas del ligoteo y en el mismo hotel se estaba celebrando una convención de porno. Me dijo ―a través de AOL Messenger, que es lo que usábamos entonces― que había tenido una orgía con tres estrellas del porno, todas mujeres, que había conocido en la convención. Aquel pensamiento me flipó y me rompió el corazón al mismo tiempo.

De pronto me vi expuesta al mundo de los artistas del ligoteo, del porno y del poliamor. Quería saber más sobre algo que me había resultado bastante doloroso, así que me lancé a informarme sobre estos mundos. Extrañamente, de hecho deseaba unirme y convertirme en un miembro más practicante de mi iglesia, pero en cambio lo que hice fue tomar el camino de los artistas del ligoteo. Me lancé a trabajar y a vivir en una comunidad de ligoteo y ellos me enseñaron sus secretos.

Viviendo dentro de la nómada comunidad de los artistas del ligoteo, empecé a explorar, con frecuencia a través de relaciones lésbicas y bisexuales. Me decía a mí misma que estaba viviendo aventuras fantásticas, pero en lo más profundo de ser sentía pánico. Siempre he sentido el deseo de vivir experiencias intensas, pero eso puede entrar rápidamente en una espiral y obligarte a atravesar nuevos umbrales.

Hace muchos años, descubrí que el que por entonces era mi novio me estaba engañando y de la peor manera posible: había tenido una cita con una chica a mis espaldas y no se habían acostado, pero se sentía muy atraído por ella. Así que contacté con la chica y la invité a una fiesta en un hotel en el campo con nosotros, donde sabía que algo pervertido podría suceder. Creo que estaba tratando desesperadamente de controlar la situación.

Era totalmente preciosa, una estudiante de la Universidad de Oxford, cinco o seis años más joven que yo. Llegamos a esa enorme casa antigua y nos recibieron con champán y ostras. Yo llevaba un vestido de Dior ―que me costó más dinero del que jamás he gastado en algo en mi vida― y ella llevaba unos zapatos de charol baratos con mucho tacón y un diminuto vestido también bastante barato. Y estaba guapísima. Estaba súper buena. Tenía ese tipo de increíble material genético. Superaba con creces todos los estándares de belleza.

Hubo un momento en la fiesta donde ambas estábamos retocándonos el maquillaje en el espejo del hotel y de repente tuve la sensación de que algo marchaba terriblemente mal: las dos estábamos haciendo eso para el mismo tío. Entonces me miró y dijo, "¿Te parece bien si beso a tu novio ahora?". Se me revolvieron las tripas y no podía ni mirar, pero es que tenía que mirar. Fue como si estuviera teniendo una experiencia extracorpórea. No creo que mi pareja lo disfrutara tampoco. Se le veía realmente incómodo.

En todo momento, como la primera vez que la vi besarle, o cuando la vi desnuda, no estaba segura si sería capaz de llegar al siguiente nivel. Pero entonces, como había dicho que sí, era si como lo siguiente también tuviera que ocurrir. Una cadena de síes.

Tras la fiesta acabamos volviendo a la habitación del hotel. Parecía inevitable, íbamos a tener algún tipo de experiencia sexual. Mi novio estaba al límite, no podía mantener una erección. Lo único que hacía era pasear arriba y abajo por la habitación. Así que até a la chica y tuve sexo con ella mientras mi novio miraba.

En fin, creo que es la cosa más jodida que he hecho en mi vida. Pero después de tener sexo, me giré hacia él y, como le conocía, sabía lo que estaba pensando, probablemente no podía mantener relaciones sexuales. Le dije, "¿Quieres follártela? Voy a sentarme aquí a ver cómo te la follas". Y me senté allí, intentando con todas mis fuerzas arruinar la experiencia pero al mismo tiempo haciendo algo desesperadamente malo y haciéndome mucho daño a mí misma.

Total, que no pudo follársela y, cuando nos fuimos quedando dormidos me di cuenta de que no había suficiente espacio para los tres en la cama, así que tuve que sentarme en el alféizar de la ventana mientras salía el sol, viendo literalmente cómo hacían la cucharita. Recuerdo que ella llevaba el pelo recogido en una larga trenza, que podían escucharse los cuervos afuera y que me sentía como una puta mierda.

A la mañana siguiente hicimos un viaje en coche de unas ocho horas de vuelta a Londres. Ella iba sentada en el asiento trasero y todo era realmente extraño. Paramos a comprar algo de comer y ellos se escabulleron juntos. Eso resume bastante bien lo ridícula que era la situación. Yo intentaba mostrarme calmada y abierta, pero era como si ellos tuvieran la intimidad emocional y yo me estuviera quedando fuera. En el futuro, si alguna vez mi pareja me engaña, seguiré el camino habitual de poner sus cosas en una bolsa de basura y romper con él.

Después del trío, intenté reconfirmar mi relación con mi novio mudándome a su casa. Vivimos juntos durante un año y durante ese período ella se convirtió en una figura que me atormentaba. Él estaba medio obsesionado con ella. Lo descubrí después de que ambos se vieran al menos una vez a mis espaldas después del trío. La relación acabó bastante rápido después de eso. Descubrí que estaba embarazada y él me dejó. Decidí tener el bebé, pero sufrí un aborto natural cuando mi embarazo estaba bastante avanzado.

El aborto básicamente me despertó. De pronto pensé, "¿A qué hostias he estado jugando durante todo este tiempo? No tengo pareja, no tengo a nadie que me quiera y me apoye. He mantenido esta relación a flote como si fuera algo medio muerto y mira lo que me queda ahora". El momento en noté la ruptura no fue cuando se fue de casa y me dejó, embarazada. Fue un año antes, más o menos por la época en que hicimos el trío, cuando las cosas empezaron a volverse malsanas. Pero en lugar de romper, empecé a jugar a este juego. El trío y el embarazo, para mí, fueron como un reinicio brutal que me devolvió mi sentido de identidad.

Empecé a interesarme por el mundo de los tríos porque un tío tuvo una orgía con tres actrices porno. Y entonces me embarqué en esa búsqueda para aprender sobre sexo, seducción y amor, y a lo largo del camino perdí mi perspectiva sobre lo que es excesivo. Lo que hace el exceso es permitirte escapar de la autorreflexión. Toda la historia de ser una tía guay no era más que una pantalla, una máscara. Ahora ya he superado aquel período. Los tríos marcaron el inicio y el fin de un período de mi vida en el que sentía como si estuviera viviendo y explorando algo de lo que no me arrepiento. Pero ahora me siento de nuevo como la persona que era antes de que empezara todo eso.

Esta entrevista ha sido editada por motivos de claridad y extensión.