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Hablamos con Esther Ferrer, pionera de la performance en España

Esther Ferrer es una de las artistas más importantes de España y sin embargo no es extraño mencionar su nombre y que nadie la conozca.

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may. 23 2017, 9:55am

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Seguro que aunque no tengas mucha idea de arte, es posible que te suene el nombre de Marina Abramović. Pero, ¿qué pasa si menciono el nombre de Esther Ferrer?

Esther Ferrer Ruiz, nacida en San Sebastián en 1937, es posiblemente una de las mejores artistas de este país, aunque se marchó de España hace más de cuarenta años huyendo del Franquismo. Ferrer empezó a desarrollar su obra artística en los años 60 junto a Zaj, un grupo musical de vanguardia muy influenciado por el compositor estadounidense John Cage. Aunque Zaj se dedicaba principalmente a las performances, también incluían otras disciplinas como la poesía o la pintura. El grupo se disolvió en 1996.

Desde sus inicios, Ferrer ha realizado innumerables acciones, pero su obra también incluye fotografías, pinturas o instalaciones. Su principal herramienta de trabajo es su cuerpo. Quizás uno de los mejores ejemplos sea Íntimo y personal, una acción que consistía en tomar nota de las medidas de partes del cuerpo de diferentes personas. Según la propia Ferrer, la acción estaba basada en la falocéntrica necesidad de control y medición. Ha expuesto su trabajo plástico en todo el mundo, desde el Centro de Arte Reina Sofía en Madrid hasta el Museo de Arte Contemporáneo de Roskilde (Dinamarca) y ha participado con sus performances en diversos festivales desde Polonia hasta Japón. También ha recibido varios premios por su trabajo. En 2014 fue galardonada con el Premio Velázquez de artes plásticas, un premio que aceptó pese a no entender por qué se lo daban.

Ferrer participará este fin de semana en el festival Poetas que se celebrará en Matadero Madrid. Aproveché la ocasión para llamarla por teléfono y saber un poco más sobre su trayectoria, en qué está trabajando actualmente y por qué le gustan tanto las sillas.

Broadly: Hola, Esther. Cuando me confirmaron que iba a entrevistarte, le conté a mis amigos y compañeros de trabajo que estaba muy contenta porque iba a poder hablar contigo. Una amiga me contestó que tenía mucha suerte de poder hablar con la Yoko Ono de España.

Esther Ferrer: ¡Uy, por favor! Yo le tenía mucha simpatía a Yoko Ono, la conocí hace muchos años. Cuando viajamos a Nueva York con Zaj en el 73 nos quedamos en el estudio de John Cage y Merce Cunningham, y dos puertas más allá vivían Yoko Ono y John Lennon, pero no la conocí entonces. Coincidí con ella años más tarde en la Bienal de Sevilla, en 1966, en la exposición sobre Fluxus organizada por Bonito Oliva. También me la crucé en Colonia en una exposición colectiva de mujeres en la que ambas participamos. Me la he cruzado varias veces, pero nunca hemos tenido relación.

Aparte de esta amiga que te comentaba, lo que me ha chocado mucho es que, al mencionar tu nombre, muy poca gente te conocía. Si tuvieras que explicar quién eres, ¿cómo explicarías quién es Esther Ferrer?

Pues hija, yo soy una mujer feminista y artista.

Imágenes de su obra "Íntimo y personal" (1977)

Te fuiste de España porque no soportabas el Franquismo. Hace poco más de dos semanas hubo elecciones en Francia, unas elecciones en las que 11 millones de personas votaron a Le Pen. ¿Qué sentiste al ver los resultados?

¿Pues qué voy a sentir? [Risas]. Sentí lo mismo que todo el mundo: horror, preocupación... pero sobre todo horror. Y no solamente por Francia. Estoy preocupada de verdad por este aumento de posiciones fascistas, pero no solamente en Francia o en España, también en Hungría, Estados Unidos o Rusia. Estamos volviendo a situaciones que hace 20 o 30 años parecían absolutamente imposibles. Hoy en día oyes y lees en los medios cosas que después de los años 60 y 70 parecía absolutamente impensable que se pudieran decir públicamente, y ahora se dicen y además tienen adeptos.

Si en Francia hay 11 millones de personas que han votado a Le Pen, al final habrá que creerse aquello de que tenemos el gobierno que nos merecemos.

Cuando la prensa habla de ti hace mucho énfasis en el mérito u osadía de que empezaras a hacer performances en la época del Franquismo.

Los medios y los periodistas siempre te ponen en un pedestal y a mí eso me molesta mucho. También se hacían acciones en otros países del mundo, aunque para algunos la situación quizás era "más fácil" porque vivían en países democráticos. En Japón, por ejemplo, estaban Gutai y cuando empezaron el país no era precisamente muy democrático. Tanto Zaj como yo hicimos lo que teníamos ganas de hacer en el momento que nos apeteció, sabiendo el precio que habría que pagar.

Supuestamente estamos en una época mucho más avanzada y libre. ¿Realmente han cambiado tanto las cosas? Sigue habiendo censura en el arte o incluso en la prensa.

Absolutamente, porque hay una marcha atrás en todo, una marcha atrás en los valores y en los principios. Por ejemplo, que todavía se ponga en cuestión de la noche a la mañana la ley del aborto, o que algunos de los políticos que van a empezar a gobernar en Francia estén en contra del matrimonio para todo el mundo, o que se prohíba a las lesbianas tener hijos por fecundación in vitro... Hace unos años la gente tenía la mentalidad más abierta o tenía menos miedo. Vivimos en la sociedad del miedo, tenemos miedo de todo. Nos meten el miedo en el cuerpo y cuando tienes miedo aceptas cualquier cosa para sentirte segura. ¿Que lo que nos dicen no es verdad? Posiblemente, pero nos lo hacen creer. Se aceptan posicionamientos absolutamente impensables en los años 70 y 80.

Actualmente estamos viviendo un momento en que hay una ola regresiva a la que hay que hacer frente.

Sí, pero está claro que simplemente salir a la calle a protestar no sirve de mucho.

Yo creo que lo que más nos va a costar es encontrar nuevas maneras de luchar. Fíjate tú, cuando la guerra de Irak la gente salió a la calle en masa durante días y días y al final hubo guerra. Pero eso no quiere decir que no tengamos que salir a protestar. Lo que hay que hacer es encontrar nuevas formas de activismo.

Performance realizada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao en noviembre de 2016

¿Cómo fue tu primera performance?

La primera vez que hice una performance fue en 1966 cuando Juan [Hidalgo] y Walter [Marchetti] de Zaj fueron a San Sebastián. Ambos le comentaron al pintor José Antonio Sistiaga —con quien hacía el Taller de Libre Expresión para niños— que necesitaban a una chica para una acción y él les dijo "la única mujer que conozco que pueda hacerlo es esta, Esther Ferrer" [risas]. Hablé con Juan y Walter y acepté. En esa acción hice simplemente las piezas que los miembros de Zaj me habían propuesto. No era una pieza mía porque yo todavía no había hecho ninguna pieza propia. Después fuimos a cenar y me preguntaron si quería seguir colaborando con ellos. Como me dejaban hacer las acciones que quisiera y como quisiera, decidí unirme. Así empecé con Zaj. Voilà! Tan simple como eso. Yo siempre digo que cuando estás en un camino te cruzas con los que están también haciendo ese mismo camino.

Tienes un sinfín de acciones con sillas. ¿Por qué esta predilección por este objeto?

La silla me gusta mucho. Imagínate desde que se inventó la primera silla que yo no sé cuándo se inventó pero supongo que la primera silla fue una piedra― hasta hoy, se siguen haciendo sillas y siempre encuentran formas diferentes. Hay una cosa que me fascina de la silla y es que es antropomorfa, cuando piensas en una silla piensas en una persona. Tiene relación con lo humano inevitablemente. Por ejemplo, para la obra Las tres gracias utilicé tres sillas porque me gusta sobre todo la estructura que tienen. Luego está la decoración que tengan, tapizadas, sin tapizar... Pero a mí lo que me gusta es la estructura. Bueno, me gusta la estructura en todo, también en mi trabajo, en la arquitectura, en la música... a mí me gusta la estructura tal cual.

Nosotros, cuando empezamos a hacer acciones —como todo el mundo en la época—, trabajábamos con cosas súper cotidianas, las cosas más anodinas y sin ninguna connotación artística ni nada de nada: una mesa, una silla, un vaso, un martillo, una pizarra... Cosas que todo el mundo tenía a mano, que todo el mundo utiliza todos los días.

Yo normalmente cuando hago una performance utilizo objetos que me he ido encontrado a lo largo de mi vida. Escojo los objetos, no porque sean estéticos, sino porque no quiero dar a las cosas otro valor que lo que son en sí mismas, así que utilizo cosas totalmente vulgares.

De hecho siempre has hecho mucho hincapié en que te gusta trabajar con objetos cotidianos y de poco valor. Hay mucha gente que utiliza la tecnología en sus performances. ¿Alguna vez te has planteado incorporar la tecnología en tus acciones?

No. A mí me gusta trabajar a lo pobre por muchas razones. Primero de todo, me encanta poder recuperar cosas ya utilizadas o que se van a tirar. La recuperación me encanta. Segundo porque nunca he tenido medios para comprar o utilizar medios tecnológicos. Y en tercer lugar porque soy muy mala desde el punto de vista técnico, me cuesta mucho aprender las técnicas y siempre tengo miedo de hacerlo mal. No me siento segura, no es mi lenguaje. Cuando necesito la tecnología tengo que recurrir a otra persona. Por ejemplo, cuando he necesitado un vídeo, siempre me lo han hecho, yo simplemente digo qué quiero y cómo lo quiero, pero yo no manejo la cámara. Con las fotos es exactamente lo mismo, tengo un fotógrafo que me hace las fotos.

Podría emplear más la tecnología pero tampoco me interesa demasiado. Ya hay mucha gente que trabaja con la tecnología y lo hace súper bien.

Sería más bien forzarlo. Simplemente no sientes la necesidad.

Exactamente. No siento la necesidad de utilizar la tecnología aunque me gusta muchísimo ver obras que la emplean. Pero yo no quiero utilizarla porque me gusta controlar todo lo que hago y la tecnología no depende de mí, no la controlo, no la sé, no entiendo el lenguaje. A ver, si me lo propusiera la aprendería. A veces pienso "cuando tenga tiempo voy a aprender", pero nunca tengo tiempo.

En el marco del arte, Marsella, 1993

A parte de los objetos cotidianos, tu cuerpo es tu principal herramienta de trabajo. Con los años, tu cuerpo ha ido cambiando, como el de todas las mujeres.

Bueno como el de todas las mujeres... ¡y el de todos los hombres! ¡Y el de los perros!

[Risas]. Digo mujeres porque yo también soy mujer y todavía estoy aprendiendo a aceptar estos cambios. ¿Tú siempre te has sentido cómoda con tu cuerpo?

Sí, sí, yo sí. Nunca he sido guapa ni he tenido un cuerpo estupendo. En absoluto. Pero nunca he tenido un problema con mi cuerpo, ni he tenido vergüenza de mi cuerpo. Tengo un cuerpo que cuido normalmente, sin exageraciones, porque es mi instrumento de trabajo. He tenido la suerte de tener una salud relativamente buena con respecto a lo que veo a mi alrededor. Yo ahora tengo 80 años y veo a gente que es más joven que yo y está más vieja y más gastada.

¿Sigues trabajando todos los días en tus obras?

Sí, trabajo muchísimo todo el tiempo, domingos, días de fiesta... Tengo la suerte de trabajar cuando quiero y de no trabajar si no quiero, así que puedo elegir cuándo trabajo, pero normalmente trabajo todos los días. Cuando me levanto subo a mi estudio y me pongo a trabajar. Ahora mismo estoy preparando unas exposiciones que tengo pendientes. Voy a exponer en el Reina Sofía en octubre.

Este fin de semana participarás en la doceava edición del festival Poetas en Madrid. No sé si has visto el cartel del festival, pero tiene muy poca presencia femenina. En concreto he contado que participan 26 hombres y 8 mujeres. ¿Esto te sorprende?

No lo sabía, no he visto el programa. Me dejas completamente sorprendida. Si lo hubiera sabido antes habría tomado una posición. Me sorprende terriblemente que haya veintipico hombres y ocho mujeres, me parece absolutamente increíble.

No sé si acabo de abrir la caja de Pandora...

No, no, estas cosas hay que decirlas. Me parece absolutamente mal, no entiendo cómo hoy en día pueden pasar estas cosas. Encuentro anormal que haya tantos hombres y tan pocas mujeres. Me sorprende y me disgusta verdaderamente.

Sé que las comparaciones son odiosas, pero ¿por qué crees que una artista como Marina Abramović, que también se dedica a la performance, es más conocida que tú en España?

¿Puede ser que porque sea mejor? ¿O peor? [Risas].

La verdad es que no tengo ni idea. Supongo que es un conjunto de circunstancias, que te hacen estar donde tienes que estar en un momento determinado, que la gente te vea y la cosa funcione. No tengo ni idea, de verdad. Nunca pienso en ello. A mí no me gusta la "gloriola", ni el paripé. Me gusta mucho vivir anónima en la medida que puedo. Pienso que es un problema de oportunidades, también. Quizás Abramovich ha tenido la oportunidad de hacer cosas en determinados museos o ha estado patrocinada por gente que era importante en el arte. En fin, me haces esa pregunta y, ¿qué puedo responder yo? Es que no tengo ni idea. También depende mucho de en qué país vivas, o nazcas, en el medio que has nacido, cómo se ha desarrollado tu vida... Depende de muchas circunstancias.

No haces esto por el reconocimiento.

La gente puede vivir sin conocerme. Yo me dedico a esto porque me gusta hacerlo y porque quiero y si me permite vivir de ello pues para mí es maravilloso. Con eso me basta. Si puedo vivir haciendo lo que hago de una forma responsable, no necesito nada más. Lo demás... cuando estás en el mundo del arte ya sabes cómo funciona el sistema.

Pues nada Esther, no tengo ya más preguntas. Me ha encantado hablar contigo aunque al principio estaba muy nerviosa.

No te preocupes, mujer. Tienes que pensar que todos somos iguales. Nos levantamos por la mañana, meamos, comemos, hablamos, nos equivocamos... Al final somos todos muy parecidos.