Thomas Edison creía que electrocutar animales era una gran idea

Uno de los inventores más brillantes de la historia no llegó a patentar su capullez, pero sin duda destacaba en ese campo.

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18 mayo 2016, 12:00pm

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La mayoría de la gente no vuelve a pensar en Thomas Edison después de aprender en el colegio que inventó la bombilla incandescente. Por mí perfecto. Pero es que también inventó muchas otras cosas: entre sus 1093 patentes se encuentran la del fonógrafo, un método para envasar fruta al vacío y unos terroríficos muñecos que hablaban con chillidos agudos o con la profunda y masculina voz adulta del mismo Edison. Según el historiador Maury Klein, Edison fue "probablemente el inventor más brillante de la historia de Norteamérica", pero casi tomar aliento también indica que era "capaz de tomar decisiones espectacularmente equivocadas". Y la verdad, eso es quedarse corto. En realidad, Edison era un hombre de negocios implacablemente competitivo que sacrificó la relación con su familia, el bienestar de muchos artistas y las vidas de incontables animales en su afán por destacar en cuanto se proponía.

Nacido en Ohio en 1847, Thomas Alva Edison desarrolló un espíritu emprendedor a una edad muy temprana. Cuando le expulsaron del colegio a causa de su hiperactividad, empezó a vender caramelos y periódicos y a llevar a cabo experimentos con sustancias químicas en su sótano (como guardaba los productos químicos en una taquilla dentro de un tren, puede afirmarse que fue el causante de al menos un incendio en un ferrocarril). A pesar de la falta de escolarización formal, rápidamente se convirtió en la versión del siglo XIX del clásico programador con sudadera de capucha gris que abandonó la universidad; su primer logro llegó en 1869, cuando a los 22 años de edad ganó 40.000 $ por idear una mejora del teletipo de cotizaciones bursátiles.

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A partir de ahí, Edison estableció un laboratorio y se lanzó a desarrollar una carrera de invenciones realmente impresionante, aunque los miembros de varios foros afirman que merece mayor crédito por haber sido un astuto hombre de negocios y gerente que por sus habilidades como científico. El más célebre e incompleto esfuerzo que dedicó Edison a la dominación del mundo comenzó a principios de la década de 1880 y duró muchos años. La larga confrontación que mantuvo Edison con el industrial Geroge Westinghouse, conocida a menudo como la "Guerra de las corrientes", se centraba en cuál de los dos controlaría el sistema de electricidad norteamericano. Por una parte estaba Edison, cuya invención de la bombilla en 1879 se sustentaba sobre un sistema eléctrico de corriente continua (CC) diseñado por él mismo. Aunque Edison sabía que el desarrollo de la CC le permitiría ganar considerables royalties cuando otras personas utilizaran su sistema para generar energía hidroeléctrica destinada al abastecimiento de las ciudades, también temía las limitaciones de la CC: no podía recorrer grandes distancias sin perder gran cantidad de energía. En la posición opuesta a Edison estaba Westinghouse, que creía en un sistema diferente: la corriente alterna (CA), desarrollada originalmente por el joven ingeniero serbio Nikola Tesla para Edison (Edison dijo a Tesla que su esfuerzo estaba muy bien pero que carecía totalmente de sentido práctico y lo despidió).

Cuando Westinghouse empezó a instalar generadores de CA por todo el país, Edison comenzó a preocuparse, de modo que inició lo que la revista Smihsonian bautizó como un "gran juego político, legal y comercial" para "arruinar" a Westinghouse. Parte de este gran juego implicaba que Edison mostrara ante el público electrocuciones en vivo en las que utilizaba energía de CA para matar perros callejeros, caballos y ganado para demostrar que la corriente de su rival era demasiado peligrosa para el uso público.

Pues mira por dónde, Edison al final se equivocaba la CA es la que mayoritariamente utilizamos en la actualidad, pero llevó su arrogancia demasiado lejos. Aunque algunos biógrafos sugieren que Edison podría haber creído genuinamente que la CA suponía una amenaza para la sociedad ¡ay, qué corazón tan puro tenía! nadie niega el hecho de que muchas criaturas de Dios murieron a causa de sus obcecadas convicciones (o, bueno, de su megalomanía). Cerca del cambio de siglo, Edison inició en secreto el desarrollo de la primera silla eléctrica del mundo después de que Westinghouse se negara a ofrecer su generador para tal empresa; aunque Edison estaba en contra de la pena de muerte, quería demostrar que la electricidad de su enemigo era mortal. William Kemmler, el primer asesino convicto que se ejecutó en la silla, vivió en sus propias carnes lo mierdoso que era Edison como inventor: hicieron falta tres intentos y varios minutos para ejecutar finalmente a Kemmler, cuya terrible agonía y su carne chamuscada hicieron que los testigos huyeran corriendo de la habitación.

El 4 de enero de 1903, la 'Guerra de las corrientes' culminó con la electrocución pública de Topsy, la cabreada elefanta del Zoo de Luna Park que había matado a tres personas (incluyendo a un entrenador que trató de darle de comer un cigarrillo encendido) y había sido declarada como una amenaza para la humanidad. El triste vídeo que recoge la ejecución de Topsy es una muestra clara de otro de los motivos por los que Edison fue un capullo: el cine. Aunque el poco criterio que demostró tener Edison en su Guerra de corrientes fuera quizá su cagada más grande suscitó un aluvión de dimes y diretes cuando The Oatmeal publicó en 2012 una tira cómica en la que le retrataba como un villano y a Tesla como un angelical unicornio de la ciencia también fue un chungo sin piedad que trató de monopolizar el negocio del cine. Según un episodio de Film School'd, la serie web de Cinefix, Edison fue el enemigo original de Prince, porque pirateó incontables negativos de películas (tanto norteamericanas como internacionales) y los firmó con su nombre para obtener beneficios. Llevó esta actividad tan lejos que llegó a fundar "The Trust", un grupo de hombres contratados para evitar que funcionara ninguna cámara que no estuviera haciendo ganar dinero a Edison. Supuestamente ejercía su labor disparando balas a las cámaras que estuvieran rodando en producciones que no fueran de inventor.

Además de todo esto, por supuesto, Edison fue un padre difícil de complacer y un marido negligente. Cuando sus hijos trataron de seguir sus pasos en el mundo de la tecnología, Edison les criticaba duramente por sus errores; una vez incluso llegó a llamar a su hijo Tomas Jr. un "absoluto analfabeto, tanto en cuestiones de ciencia como en todo lo demás". Como muchos de los grandes hombres de la historia, siempre estaba en el laboratorio, olvidándose con frecuencia de aniversarios y cumpleaños. Y aunque otro de sus hijos, William, estudió en Yale, combatió en la Primera Guerra Mundial e inventó nuevas versiones de la bujía, Edison le decía una y otra vez que había "traído el sonrojo de la vergüenza" a sus mejillas.