Cuerpo, deseo y ciberespacio: ¿Cómo nos enamoramos a través de las pantallas?

Entrevistamos a la teórica y filósofa Remedios Zafra sobre cómo nos relacionamos los humanos en esta era de pantallas, filtros e hiperconectividad.

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18 enero 2017, 10:45am

Fotograma del capítulo 'Nosedive' de Black Mirror

El poder de las pantallas, el tránsito de lo corpóreo a lo virtual. El "deseo" en el siglo XXI pasa por unos cuantos filtros de Instagram y miles de mensajes de WhatsApp que, a veces, nunca llegan a materializarse en nada. Ya no necesitamos tocar al otro para quererlo. Ni siquiera verlo. Remedios Zafra es una pensadora y teórica sevillana que estudia la complejidad del mundo contemporáneo y la creación de nuestro "yo" virtual en este mundo hiperconectado. Zafra habla de que somos muchos solos en habitaciones conectadas en todo el mundo, y eso entraña peligros, pero también un montón de posibilidades.

Hablamos con ella por conversación telefónica coincidiendo con su participación en la conferencia Cuerpo, deseo y (ciber)espacio en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB).

Broadly: ¿De dónde parte la reflexión que haces entorno a Internet o a la tecnología y su relación con nosotros, como individuos?

Remedios Zafra: Quiero problematizar sobre cómo Internet ha cambiado las relaciones entre las personas a través de las habitaciones conectadas. Las habitaciones conectadas nos permiten descansar de nuestras "realidad cotidianas"; por ejemplo, llegar a casa supone liberarnos de esas máscaras en las que vivimos fuera de casa. Tenemos la sensación de estar en un lugar no neutral, nuestro. Pero curiosamente esa liberación no nos aísla, nos permite estar muy presentes en el mundo.

Nos convertimos en seducción pura porque sabemos que hay que llegar a través de Internet a esa persona

¿Cómo describirías esas relaciones sustentadas por la tecnología en las que, a veces, lo corpóreo es secundario y prevalece la expectativa de 'lo virtual'?

El deseo opera donde hay espacios en blanco o de ausencia. Por lo que aquí, en Internet, el deseo se ve más fortalecido al contar con la ausencia del cuerpo del que se desea o el que se ama. Esa ausencia incrementa la energía erótica. Nos convertimos en seducción pura porque sabemos que hay que llegar a través de Internet a esa persona.


Remedios Zafra. Imagen por Laura Bey

Y a veces ni siquiera hay que llegar a esa persona. Simplemente es un ideal virtual que nos hemos hecho de alguien, ¿no? Un poco como en la película Her.

Decían algunos sociólogos que las relaciones online promueven el encuentro físico, pero hay muchas otras relaciones que surgen de un marco online y que llegados a un punto no tienen ni la necesidad de llegar a verse.

Además, con Internet, nos encontramos con que tenemos acceso a una cantidad de información de la otra persona inimaginable. Yo puedo conocer a alguien y saber de antemano sus preferencias musicales, sus últimas vacaciones y hasta cómo era su expareja de 2010.

Exacto, empezamos a enfrentarnos al otro con un conocimiento biográfico que condiciona en gran medida la futura relación creada. Accedemos al otro con un bagaje increíble debido a esa enorme base de datos, informaciones cotidiana o fotos. Al final, es como llegar a alguien a través de una novela. La persona se convierte en un personaje sobre el que ya has leído algo, casi ficticio. Es bastante inquietante, si lo piensas, en realidad.

¿Cuándo hablas de habitaciones conectadas te refieres a las habitaciones de cada uno de nosotros?

Mi ensayo Un cuarto propio conectado habla de un cuarto que de pronto se ve resignificado como un espacio que habitamos solos. Pero somos unos solos diferentes, somos miles de personas conectadas en nuestros cuartos propios.

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Un poco el "cuarto propio" del que hablaba Virginia Wolf, pero en el siglo XXI.

Es una apropiación de la expresión de Wolf. Curiosamente a las mujeres siempre se les ha relacionado con espacios íntimos o domésticos, pero casi siempre ocupábamos los espacios de los otros. El salón, la cocina, etc. Un espacio propio es un espacio para la conciencia. Ahora ha cambiado mucho esa habitación propia al volverse "conectada". Eso nos permite pasar de ser receptores a emisores y hacer que lo privado sea público también.

¿Qué pasa con toda esa información que estamos generando?

Estamos construyendo un mundo caracterizado por su tono excedentario, que se caracteriza por la abundancia. Es increíble la cantidad de material o fotos que guardamos en nuestros archivos o redes. Fotos que probablemente nunca vayamos a volver, que tienen una caducidad extrema. ¡Nos asustaría pensar la cantidad de tiempo que dedicamos a autogestionarnos a nosotros mismos! El narcisismo propio de la red es el mayor éxito de Internet como industria. Al fin y al cabo, nos ha convertido en protagonistas.

¿Y no acaba siendo muy agobiante?

Por eso ya hay estudiosos que hablan de "sujetos precarios", cansados de toda esa información, ese exceso, esa exigencia de velocidad. Las tecnologías también nos están llevando un poco a una vida precaria. Jóvenes que no son pagados con dinero, sino con prestigio o visibilidad en la red. Se ha creado esa moneda de cambio en Internet llamada "visibilidad". Es un poco perverso.

A veces también volvemos a toda esa información inútil que generamos, ¿no? ¿No crees que las tecnologías también potencian la nostalgia? Antes, hacías cosas y te olvidabas. Pero ahora las redes sociales se encargan de recordarte fotos, personas o momentos pasados.

La nostalgia contribuye a humanizar un sistema desequilibrado. La nostalgia habla de los vínculos (casi siempre) con otras personas y "mantener los vínculos" es el cometido de las redes. Creo que hay algo biopolítico en Facebook (y en todas las redes) que se ocupa de recordarnos nuestros archivos pasados instrumentalizando los afectos y la nostalgia como forma de "volver a ellos", recuperando archivos que quedaron sepultados por decenas de imágenes, noticias y comentarios.

La red sigue teniendo una estructura patriarcal porque Internet sigue siendo un mundo producido, construido e ideado por hombres

Pero a la vez todo pasa tan rápido.

La velocidad y la saturación como pareja contribuyen a perpetuar imaginarios y modos de hacer. Mientras estamos entretenidos haciendo nuestros selfies y compartiendo miles de cosas, seguimos perpetuando ciertos estereotipos o roles de género. En un mundo tan rápido solo pueden existir las ideas preconcebidas, porque todo lo que no sea preconcebido requiere tiempo para pensar.

Por lo tanto, Internet sigue siendo desigual.

La sensación de que Internet ―por ser un espacio relativamente nuevo― carga con menos lastres de desigualdad de género es un puro espejismo. Estructuralmente la tendencia es siempre la misma. Frente a la utopia de los años 90 en el que imaginábamos que una realidad medida por pantallas nos haría liberarnos de los estereotipos, al final nos hemos encontrado de que todos tendemos a ser sumamente parecidos.

¿Y por qué ha pasado esto?

La red sigue teniendo una estructura patriarcal porque Internet sigue siendo un mundo producido, construido e ideado por hombres. Todo el imaginario de la cultura tecnológica está construido por hombres. Por eso ahora mismo hay un sesgo brutal. Si te fijas, todos sus creadores se parecen mucho: son hombres, jóvenes (quiero decir que en el momento de crear eran jóvenes), de países "guays", que han convertido su afición en un trabajo. Hablo de Steve Jobs, los creadores de Google, etc. Creo que es una gran perversión: a nosotras nos dicen que hay que estudiar, pero luego vemos que los grandes inventos que cambian la época acontecen en contextos no formales de educación. De alguna forma nos hemos quedado fuera de esa "cultura de garaje".

¿Pero también podemos hacer algo para cambiar ciertas dinámicas, no? Por ejemplo, hay iniciativas para combatir el sesgo de género en la Wikipedia.

La elección está entre fuerzas creativas o fuerzas de domesticación. Hay que tomar partido de la tecnología de forma consciente y eso lo debemos hacer todas las personas y especialmente las mujeres. Si no lo hacemos, nos montaremos en la inercia de los otros y seguirá pasando lo que ha pasado siempre.

Es decir, que tendríamos que pensar menos en nuestro 'yo' virtual y hacer más cosas por cambiar.

Está claro que las pantallas nos permiten saber qué está pasando en el mundo, pero eso a la vez nos bloquea ante la imposibilidad de posicionarnos frente a absolutamente todo. Conocemos de cerca las desgracias, la pobreza, la violencia, la humillación, pero solo neutralizan nuestro pensamiento. Al final nos convertimos en personas "solidarias de salón".

Pero también las tecnologías han permitido canalizar movimientos sociales como el 15M o la Primavera Árabe que sí son reales...

Claro, no hay que subestimar el poder de la tecnología en estos casos. Internet nos da la posibilidad de poner en conversación a personas que no están cerca de ti, y que forman nuevas colectividades. Quienes controlan Internet ―grupos, empresas y fuerzas neoliberales― quieren hacernos creer que aquello fue un fracaso. Pero no lo fue, solo tratan de impedir que vuelva a ocurrir. Prefieren que sigamos entretenidos compartiendo nuestras cosas y nuestros selfies que montando revoluciones.


La conferencia de Remedios Zafra se enmarca en el ciclo de charlas "Políticas del deseo" del CCCB de Barcelona