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'Miedo al clítoris': así censuran los libros los genitales femeninos

La visión de las mujeres como hombres infradesarrollados y receptáculos de bebés siguen apareciendo en nuestros libros de texto.

Suzannah Weiss

Suzannah Weiss

Photo by Wellcome Images via Wikimedia Commons

Varios investigadores de la Universidad de Cambridge descubrieron hace un par de meses un libro de anatomía del siglo XVI con una característica muy particular: un corte triangular donde debería haber aparecido la vagina. Era casi demasiado perfecto, una metáfora de la negación de la sexualidad femenina en la cultura occidental. De hecho, era más que una metáfora. La vulva lleva siendo literalmente censurada y eliminada de los libros de texto y de los diagramas de anatomía durante siglos. Y algunas de sus partes todavía lo son.

Durante el primer milenio de nuestra era, la mayoría de nuestros conocimientos médicos procedían del prominente médico griego Galeno, que basó su conocimiento de la anatomía humana en perros, cerdos y monos. Incluso después de que los anatomistas empezaran a diseccionar cadáveres, eran casi siempre cadáveres masculinos, según la Doctora Brandy Schillace, Investigadora Adjunta en el Centro de Historia Médica Dittrick. Andreas Vesalius, considerado el padre de la anatomía por su libro de 1543 De la estructura del cuerpo humano en siete libros, pensaba que el clítoris solo existía en los hermafroditas. También trazó vasos que conectaban la vagina y los pechos porque creía que la sangre menstrual se convertía en leche.

Aunque Schillace no ha oído hablar de ninguna otra ilustración con partes del cuerpo cortadas, muchos libros de anatomía de la era del Renacimiento contenían "hojas fugitivas" que las cubrían. Algunos obviaban completamente la anatomía reproductiva y otros empezaban con disculpas en caso de que cayeran en las manos equivocadas, afirma Scottie Hale Buehler, comadrona profesional titulada, poseedora de un Máster en Humanidades y Candidata al Doctorado en el Departamento de Historia de la UCLA. La decisión de escribir estos libros en lengua vernácula y no en latín era muy controvertida, dado que eso significaba que cualquiera podía leerlos.

El clítoris encarna muchos miedos misóginos acerca del placer sexual: que la penetración y los penes podrían no ser siquiera necesarios para el orgasmo

Pero para una época en la que se hacía tanto esfuerzo por ocultar los órganos sexuales de las mujeres, sus cuerpos eran muy sexualizados en otras obras. "Se hacían para que parecieran vivas, con rostros y peinados, joyas y el fresco rubor de la juventud en las ilustraciones en color", afirma Schillace. El libro de Jacob Rueff De conceptu et generatione hominis, por ejemplo, incluye a una mujer con cabello largo y vaporoso y un torso abierto por la mitad, ofreciendo al lector la ocasión de echar un vistazo a su sistema reproductivo.

Durante el siglo XVIII, estas embellecidas ilustraciones dieron paso a los diagramas inertes. Los hombres comadrones expulsaron a las mujeres de la profesión y dos de ellos muy destacados encargaron ilustraciones de mujeres embarazadas al artista holandés Jan Van Rymsdyk. "Ambos diagramas eliminaban los rostros y los cuerpos vivos", explica Schillace. "La mujer se considera ahora un trozo de carne, con frecuencia simplemente un útero".

Tales representaciones reflejaban una percepción cultural de las mujeres como receptáculos pasivos diseñados para la maternidad por encima de todo. William Smellie, uno de los comadrones más influyentes del siglo XVIII, fue el primero en publicar el hecho de que los músculos pélvicos femeninos se movían durante el parto. "Como [los anatomistas anteriores] consideraban que la mujer no era más que un envase, no entendían que el útero trabajaba", indica Schillace. "Pensaban que el nacimiento era el feto moviéndose y tratando de salir mientras el útero permanecía estático".

De un libro de texto sobre obstetricia de 1898. Internet Archive Book Images vía Wikipedia Commons

Incluso aunque las representaciones de la anatomía femenina se volvieron más precisas, a menudo omitían de forma flagrante una parte fundamental: el clítoris. "A lo largo de la historia ha habido diferentes momentos en que el clítoris se ha 'redescubierto'", explica Buehler. Uno de los "descubrimientos" mejor documentados se produjo a finales del siglo XVI, cuando los médicos empezaron a reconocer el clítoris como una parte normal de la anatomía femenina en lugar de una patología asociada a los hermafroditas o las lesbianas.

Hacia 1901, el libro Anatomía de Gray incluía el clítoris, sin embargo se eliminó en la edición de 1948. Este tipo de acciones se producían en gran parte debido a "preocupaciones sobre la higiene social y la moralidad", afirma la Doctora Alicia D. Bonaparte, Profesora de Sociología en la Universidad Pitzer. "Existe miedo al clítoris porque es absolutamente un centro de placer".

Buehler está de acuerdo: "El clítoris encarna muchos miedos misóginos acerca del placer sexual: que la penetración y los penes podrían no ser siquiera necesarios para el orgasmo".

En la actualidad pueden verse clítoris en los diagramas de anatomía, pero no completos. Por ejemplo, rara vez se ve que el clítoris tiene un capuchón o dos piernas que se extienden hasta el interior de la vagina. Aparte de limitar nuestra comprensión del placer sexual, esta falta de información puede ser peligrosa, según Buehler. Muchos médicos desconocen, por ejemplo, que las episiotomías ―incisiones en el perineo y en la pared inferior de la vagina que se practican a veces durante el parto― pueden dañar el tejido clitoriano.

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"La ignorancia acerca de la inervación de la zona genital femenina también es un problema para procedimientos quirúrgicos como las histerectomías y las cesáreas", afirma la Doctora Debby Herbenick, poseedora de un Máster en Salud Pública, Profesora Adjunta de Ciencias Aplicadas de la Salud en la Universidad de Indiana y Becaria de Investigación en el Instituto Kinsey. Buehler está de acuerdo: "Sabemos tan poco sobre el clítoris que resulta difícil juzgar todos los posibles efectos y complicaciones".

El estándar actual refleja también otras partes de la vulva de forma poco exacta, según Herbenick. Los labios se dibujan como si fueran simétricos, cuando rara vez lo son, y la vagina parece un orificio abierto esperando que se le inserte algo, cuando en realidad las paredes vaginales normalmente se están tocando.

Los libros a veces también describen el clítoris como un pene pequeño, mientras que las partes masculinas jamás se describen en términos de las femeninas, señala Herbenick. Algunos biólogos incluso han llegado a teorizar que el clítoris evolucionó a partir del pene. El Doctor Robert James King, investigador en la Escuela de Psicología Aplicada de la Universidad de Cork, opina que esta teoría anda muy desencaminada, dado que los fetos comienzan con características femeninas. Además, el clítoris es más grande que un pene flácido, es más complejo, está conectado a diferentes regiones del cerebro y no está atravesado por la uretra.

La visión de las mujeres como hombres modificados "perpetúa la manida idea de que los cuerpos femeninos son antinaturales o anómalos, atribuyendo de este modo la normalidad solo a los cuerpos masculinos", afirma Bonaparte. "Una vez más pone de manifiesto cómo y por qué la forma femenina continúa siendo percibida como profana y en algunos casos patológica en su origen".

Puede que hayamos recorrido un largo camino desde que los científicos afirmaban que el clítoris era una deformidad y que los músculos pélvicos femeninos no se podían mover, pero aun así la visión de las mujeres como hombres infradesarrollados en el mejor de los casos y como receptáculos de bebés en el peor sigue apareciendo en nuestros libros de texto.