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El campo de concentración nazi para mujeres que nadie recuerda

¿Por qué sigue Ravensbrück siendo poco más que una nota al pie en la historia?

Mary McGill

Mary McGill

Ravensbrück inmates waiting release in 1945. Photo by Keystone-France/Gamma-Keystone via Getty Images

Hace setenta años, el 5 de diciembre de 1946, comenzaron en Hamburgo los juicios por los crímenes de guerra de Ravensbrück. Situado a 90 kilómetros al norte de Berlín e inaugurado en 1939, Ravensbrück fue el campo de concentración para mujeres más grande y famoso de cuantos crearon los nazis. De las dieciséis personas situadas en el estrado aquel día, siete eran mujeres. Entre ellas se encontraba Dorothea Binz, de 26 años, quien a pesar de su género había ascendido hasta el rango de Jefa Adjunta de guardias, u Oberaufseherin. Entre los crímenes de Binz se incluían disparar, azotar y azuzar perros contra las prisioneras. Hacia el final de los juicios, en julio de 1948, 21 de los 38 acusados eran mujeres.

La historia de Ravensbrück desvela realidades incómodas y poco reconocidas sobre el rol de las mujeres en el Tercer Reich. Ravensbrück se distingue por ser el lugar clave de entrenamiento para miles de mujeres de la guardia nazi, conocidas como Aufseherinnen. Una vez entrenadas en el arte de la brutalidad ―desde aprender todos los entresijos del abuso verbal y psicológico hasta cómo golpear y latigar a las prisioneras―, aquellas mujeres se destinaban a campos repartidos por todo el Reich. La tristemente famosa Irma Grese, por ejemplo, apodada la Hiena de Auschwitz, empezó su carrera en Ravensbrück en 1942. El campo de concentración también era excepcional por estar dirigido casi exclusivamente por Aufseherinnen, cuya gestión era supervisada por Dorothea Binz.

"Hablamos de una sociedad realmente patriarcal, desde el punto de vista general y desde el punto de vista del régimen nazi. No debemos olvidarlo", me dice la Dra. Rochelle G. Saidel por teléfono. Ella es la directora ejecutiva del Instituto para la Memoria de las Mujeres de Nueva York y autora de The Jewish Women of Ravensbrück Concentration Camp (Las mujeres judías del campo de concentración Ravensbrück). "La gente las llama 'guardias de las SS', pero las mujeres no podían pertenecer a las SS, se limitaban a ser auxiliares. Las SS eran para los hombres. Muchas de aquellas mujeres eran totalmente brutales... A menudo pertenecían a clases medias o bajas de la sociedad, así que [ser guardas] les proporcionaba cierto estatus y a ellas les encantaba tenerlo".

Cuando se abrió Ravensbrück, era relativamente habitable en comparación con otros campos de concentración. La comunista alemana Margarete Buber-Neumann, que llegó al campo tras pasar tiempo en un gulag de Rusia, dijo sobre su primera impresión de Ravensbrück: "¿Esto es un campo de concentración?". Pero conforme fue progresando la guerra las condiciones empezaron a deteriorarse rápidamente. El campo empezó a estar peligrosamente superpoblado. Las enfermedades y la desnutrición campaban a sus anchas. Para satisfacer las cada vez mayores exigencias de los esfuerzos alemanes para la guerra, las prisioneras fueron obligadas a trabajar más duramente y durante más tiempo en condiciones deplorables, bajo amenaza de muerte. 74 prisioneras polacas, conocidas como "los conejillos de indias" de Ravensbrück, fueron sometidas a torturas para que los médicos del campo realizaran experimentos médicos.

Prisioneras de Ravensbrück en 1939. Foto vía Wikimedia Commons

En el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, más de 130.000 prisioneras pasaron por el campo, entre ellas miembros de la resistencia, comunistas, académicas, miembros de la comunidad romaní y otras mujeres que no se ajustaban a los ideales nazis de femineidad. Algunas mujeres llegaron con sus hijos, otras dieron a luz en el campo. Las nacionalidades de las prisioneras abarcaban todo el territorio de la Europa ocupada por Alemania: rusas, francesas, alemanas y holandesas, aunque el mayor contingente llegó desde Polonia. Se calcula que unas 26.000 internas que pasaron por Ravensbrück eran judías.

"Las condiciones no eran buenas para ninguna de las mujeres, pero según mis estudios las condiciones eran peores para las mujeres judías. Se las trataba más duramente, sus condiciones de vida eran peores", me explica la Dra. Saidel. Entre 1942 y 1943 se sacó a las prisioneras judías de Ravensbrück; muchas fueron enviadas a Auschwitz y otras a la cámara de gas situada en la cercana localidad de Bernberg.

Fotografías de prisioneras en el monumento conmemorativo de Ravensbrück. Foto vía el usuario de Flickr ho visto nina volare

Las prisioneras políticas judías se enfrentaban a castigos específicos, explica la Dra. Saidel. "Si eras una prisionera política pero no eras judía, tenías muchas más probabilidades de sobrevivir hasta el final. Las mujeres judías que eran prisioneras políticas, ya fueran socialdemócratas o comunistas, eran asesinadas. Las órdenes de arresto tenían diferentes columnas: una para 'prisioneras políticas', etcétera. También había una columna para 'judías'. Aquellas mujeres estaban apuntadas en ambas columnas".

En su investigación, la Dra. Saidel ha hablado con supervivientes de Ravensbrück y con sus familiares. Me cuenta la increíble historia de Gemma La Guardia Gluck, hermana de Fiorello La Guardia, el célebre alcalde de Nueva York. Gluck, una judía norteamericana casada con un húngaro, vivía en Budapest cuando llegó la invasión nazi. Fue encarcelada en Ravensbrück con sesenta y cinco años, pero se las arregló para sobrevivir. Cuando la liberaron, descubrió que una de sus hijas y el bebé de esta habían estado en el campo al mismo tiempo que ella, en régimen de aislamiento.

Los nazis crearon un sistema mediante el cual se animaba a las personas a ser los seres humanos más horribles que se pudiera imaginar

"Gemma escribió en su autobiografía: 'eché un vistazo a ese bebé y pensé, ¿Dónde podré enterrarlo? Solo tenía un año y su aspecto era deplorable'", afirma la Dra. Saidel. "Pero después de la guerra, Gemma y su familia sobrevivieron en Berlín. Por aquel entonces Fiorello era el jefe de la organización de ayuda a los refugiados en Estados Unidos, pero no supo dónde estaba ella en ningún momento. Finalmente ella pudo llamarle. Él se mostró duro, no quería quebrantar ninguna norma a pesar de que ella era su hermana. La ley por aquel entonces decía que cuando te casabas adquirías la nacionalidad de tu marido". Con el tiempo, Gluck y su familia consiguieron emprender una nueva vida en Nueva York.

"Se considera que las mujeres son cuidadoras, figuras maternas por razones obvias... Pero, ¿cómo puede encajarse eso en la realidad del Holocausto?", pregunta Daniel Patrick Brown cuando comentamos lo que sucedió en Ravensbrück. Él es el autor de The Camp Women (Las mujeres de los campos de concentración), uno de los primeros estudios acerca del papel de las mujeres en el Tercer Reich. "Siempre acabo regresando al hecho de que el entrenamiento y el origen tienen mucho que ver con el modo en que actúa y reacciona la gente. Los nazis crearon un sistema mediante el cual se animaba a las personas a ser los seres humanos más horribles que se pudiera imaginar. El entrenamiento estaba diseñado para que aquellas mujeres se volvieran duras e hicieran todo lo que fuera necesario. En muchos casos fue todo un éxito. Pero dicho esto, creo que es un gran error dejar que la gente se salga con la suya diciendo 'Oh, es que me entrenaron para hacerlo'".

El crematorio de Ravensbrück en la actualidad. Foto vía Wikimedia Commons

Mientras que los nombres de otros campos se han convertido en sinónimo del régimen nazi, hasta hace relativamente poco los testimonios de las supervivientes y de quienes fallecieron en Ravensbrück, así como de quienes causaron su sufrimiento, han permanecido silenciados. Pregunto a la Dra. Saidel si esto se debe a que el campo de concentración era para mujeres. "Ese es uno de los motivos, pero también hay otros. Ravensbrück estaba situado en lo que más tarde se convertiría en Alemania del Este y la gente de Alemania Occidental no podía acceder a ese territorio. Yo tuve la increíble suerte de poder visitarlo en 1980, pero aquello fue algo muy excepcional. Había 20.000 tropas soviéticas afincadas allí en aquella época. Estábamos en medio de la Guerra Fría y también por ese motivo se abandonó su recuerdo. Puede afirmarse que hubo otros campos de concentración en Alemania del Este que eran para hombres y son más conocidos, lo cual es cierto. El hecho de que Ravensbrück fuera un campo exclusivamente para mujeres definitivamente contribuyó a que los historiadores lo pasaran por alto".

En los últimos años, Ravensbrück y el rol de las mujeres en el Tercer Reich han empezado a recibir la atención que durante tanto tiempo se les ha negado. Escritores e investigadores están partiendo del trabajo iniciado por la Dra. Saidel, Daniel Patrick Brown y otros. Conforme se va mostrando este nuevo interés, aunque las narraciones de las mujeres de Ravensbrück se consideran historia, sus lecciones son ahora más necesarias que nunca.