Algunas mujeres describen sus partos orgásmicos

Se supone que dar a luz es una de las experiencias más aterradoras y físicamente más dolorosas de la vida de una mujer, pero según una reciente encuesta, un número sorprendente de mujeres llega en realidad al clímax durante el parto.

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jun. 2 2016, 7:20am

Photo by michela ravasio Via stocksy

Estaba como en trance, una sensación de euforia me inundó. Conforme exhalé, sentí inmediatamente una oleada de absoluta dicha. Aquello me dejó con una sensación que solo puedo describir como 'sensibilidad vaginal post orgásmica' que duró varias semanas".

Sushmita Targett, de 27 años, recuerda el momento en que nació su hijo Roshan el mes pasado en Kent, Inglaterra: calma, placer, una sensación más cercana a una experiencia sexual que al doloroso y aterrador proceso al que nos vemos predispuestas (muchas a través de la experiencia) a esperar. El miedo al parto parece estar en auge, según estudios como el de Greater Expectations, que descubrió a lo largo de un período de más de 13 años que se había producido un considerable incremento del número de mujeres que afirmaban sentirse 'fuera de control', 'desconectadas', 'indefensas' o 'impotentes' durante el parto.

Sin embargo, una reciente encuesta llevada a cabo por el Positive Birth Movement ("Movimiento a favor del parto positivo") y por la comunidad Channel Mum ("Canal mamá") de YouTube descubrió que a un cuarto de las 2.200 mujeres encuestadas 'les encantó' dar a luz, el 67 % describió el parto como 'una experiencia muy positiva' y un estremecedor 6 % afirmó que habían tenido un parto orgásmico. Y esta encuesta no es un testimonio aislado. En un estudio llevado a cabo en Francia en 2013, varias comadronas informaron de 668 casos de mujeres que afirmaban haber experimentado sensaciones orgásmicas durante el parto y otras 868 que mostraron signos de placer. ¿Sorprendida? No resulta extraño que Deborah Pascali-Bonaro, educadora para el parto y doula que dirigió la película Orgasmic Birth ("Parto orgásmico") denomine el placer durante el parto como "el secreto mejor guardado".

Cuando Targett dio a luz, no estaba predispuesta a tener una experiencia sensual. Había practicado la autohipnosis como preparación para el parto, de modo que fue capaz de controlar las contracciones de la primera etapa "emitiendo lamentos y gemidos de forma controlada". Aquella primera experiencia de alumbramiento "no fue en absoluto indolora", pero añade que "puesto que me las arreglé sin recibir alivio para el dolor y finalmente obtuve una sensación placentera, puedo afirmar sin lugar a dudas que lo encontré mucho más fácil de lo que esperaba".

En mi otra vida como doula fui testigo de alumbramientos con todo el espectro que abarca desde el placer al dolor. He hablado con mujeres que quedaron profundamente traumatizadas y con otras que describieron su parto como una experiencia eufórica. El factor diferenciador, de forma anecdótica y de acuerdo con toda una serie de estudios, parece ser el hecho de si las mujeres sienten que tienen el control y que cuentan con suficiente apoyo. Dejando de lado los orgasmos, la idea de que las personas al cuidado de las mujeres embarazadas deben escucharlas y ser amables con ellas para que el parto se convierta en una experiencia positiva tiene bastante sentido.

Aunque los partos sensuales u orgásmicos no son frecuentes, la experiencia de un parto positivo y placentero es quizá más común de lo que la idea más popularmente extendida permite creer. Becky Dickerson, de 28 años, está ahora embarazada de su cuarto bebé. Nunca ha tenido un parto orgásmico y no puede imaginar describirlo de ese modo, aunque añade que "sin duda hay algo placentero en todo el proceso". A Dickerson le encantaba dar a luz "porque me sentía en completa armonía con mi cuerpo. Físicamente sentía dolor, pero lo podía soportar". Afirma que se siente emocionada y agradecida de poder volver a pasar pronto por esa experiencia.

A pesar del terreno común en las áreas de anatomía y fisiología que comparten el nacimiento y el sexo, el placer sensual durante el parto es algo que nos cuesta comprender. En el libro de la antropóloga y célebre experta en partos Sheila Kitzinger titulado Birth and Sex ("Nacimiento y sexo"), la autora establece las relaciones entre el parto y el sexo, trazando paralelismos a nivel físico, emocional y práctico. Caracterizando el parto como una "experiencia psicosexual", describe el parto y el nacimiento como una serie de sensaciones rítmicas, contracciones musculares y flujo sanguíneo hacia los genitales. Si a esto se le añade el baile de hormonas, se trata de una combinación que funciona en mayor medida cuando las mujeres se sienten relajadas, no observadas, seguras y tranquilas.

A pesar de las similitudes, sentir un orgasmo durante el parto es algo muy infrecuente. Los detractores de quienes promueven los partos 'libres de dolor' u orgásmicos señalan con prudencia que las mujeres no tienen por qué añadir otro objetivo más cargado de presión durante un momento que ya de por sí resulta emocionalmente intenso. La misma Kitzinger es la primera en afirmar que "añadir el orgasmo a la lista de deseos es mucho pedir "y pide a las parejas que no esperen que la mujer que esté dando a luz experimente un orgasmo a demanda. "Puede que finja en la cama", añade Kitzinger, "pero no esperes que lo finja durante el parto".

Wendy Idel, de 34 años de edad, se puso de parto en diciembre de 2015 con el único objetivo de tener un alumbramiento bueno y seguro. Su parto fue incluso mejor de lo que esperaba. "Me senté de repente durante una contracción y rompí aguas con el alivio más increíble que he sentido jamás. Aunque dio a luz en un atestado hospital universitario de Londres, Idel pudo desarrollar una relación de confianza con su comadrona Anna. "Finalmente, casi dos horas después de empezar a empujar, Anna dijo, 'Toca aquí, podrás notar la cabeza de tu bebé'. Poder sentir aquel pequeño cuerpo saliendo de mí fue algo increíble. La euforia era tan grande que no pude dormir".

Wendy Idel y su recién nacida, Freya. Foto cortesía de Wendy Idel

Si tiene algún sentido —y las mujeres embarazadas de verdad lo sienten—, ¿por qué establecemos semejantes barreras en torno al parto y el placer? Kitzinger apunta a la despersonalización del cuerpo en el marco de la sanidad, a la incomodidad generalizada con respecto a la sexualidad femenina y a la experiencia vivida por tantísimas mujeres que han tenido partos profundamente traumáticos en un sistema de maternidad que cada vez es más hostil a los cuidados respetuosos y compasivos.

El secretismo con que se habla de los buenos partos agrava estos factores y quizá también sea su causa. Cuando se discute en torno a los partos orgásmicos, la conversación puede desviarse rápidamente hasta el extremo más vicioso y crítico del espectro. La Dra. Rebecca Moore, consultora de psiquiatría perinatal, se encuentra con muchas mujeres que han experimentado partos sencillos y rápidos y que se sienten "avergonzadas o incómodas" al admitirlo.

Milli Hill, que fundó el Positive Birth Movement para ofrecer a las mujeres una red mediante la cual pudieran compartir experiencias y prepararse para buenos partos, añade que en realidad no se da por supuesto que debamos admitir "que el parto puede ser positivo, o incluso producir una sensación agradable. Eso no quiere decir que el parto no pueda ser negativo o doloroso. Generalmente cuando esto sucede se debe a una falta de apoyo en condiciones, pero las mujeres a menudo acaban culpándose a sí mismas y sintiendo que han fracasado. Aun así, si nadie sabe que hay otro modo, ¿cómo podemos cambiar las cosas?".

¿Tiene alguna importancia nada de esto si el parto no es más que un día en nuestra vida? La Dra. Moore cree que sí. Una experiencia solitaria, en la que la persona que da a luz se siente abandonada e incapaz de tomar decisiones acerca de su propio cuerpo, puede tener profundas consecuencias para la futura salud física y emocional. Moore opina que "la experiencia del parto puede tener una enorme repercusión más allá del nacimiento". Y para ello apunta a estudios que demuestran que los sentimientos positivos hacia el parto pueden fortalecer una sensación de autoconfianza y confianza en los demás, además de fomentar una sensación de empoderamiento a largo plazo.

Cuando Shalome Dora, de Melbourne, Australia, tuvo a su tercer bebé, experimentó un parto intensamente placentero durante el cual cada fibra de su ser "estaba conectada y latía. Fue una oleada absolutamente increíble, más sensual que sexual". También afirma que los sonidos que salían de su cuerpo eran "orgásmicos".

Doran cuenta encantada su historia sin "intentar adoctrinar a otras mujeres", sino como forma de ofrecer una alternativa "a la visión hollywoodiense estándar del parto, en la que las mujeres son una especie de desastre que grita fuera de control". Si podemos encontrar el modo de escuchar a Doran —y a todas las demás mujeres del espectro que hablan del parto en sus múltiples formas— quizá nos demos cuenta de que la idea de un parto agradable e incluso placentero podría ser más común de lo que pensamos. Quizá entonces escuchemos más "¡sí, sí, sí!" procedentes de las salas de parto en el futuro.