​#ChicasHackers: chicas poderosas en el mundo de la tecnología

En Latinoamérica solo entre el 15 por ciento y el 20 por ciento del estudiantado en informática son mujeres. Asistimos al primer encuentro de #ChicasHackers en Argentina, un evento para promover la inclusión de las mujeres en el universo tecnológico.

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mar. 15 2016, 10:55am

IMAGEN VÍA PEXELS

Con la mirada cargada de prejuicios, a Laura Morinigo la verían como actriz, modelo o promotora. Nunca pensarían que esta argentina de 28 años, ojos marrones con delineado exacto, botas altas, jeans ajustados y remera rockera, pasa la mitad de su día frente a una computadora desarmando códigos html, JavaScript y otros jeroglíficos binarios. Para el mercado laboral, Laura es full-stack developer, es decir, una programadora con un perfil técnico completo que puede desarrollar una aplicación de principio a fin. Pertenece a un pequeño universo que pretende ensanchar sus contornos: el de las mujeres que se imponen en la industria de la tecnología, un mercado dominado por la presencia masculina.

Solo el 26 por ciento de los puestos de trabajo del área informática está ocupado por mujeres, según el Foro Económico Mundial. La cifra responde a estereotipos de géneros que encorsetan a chicas, varones y otras corporalidades en determinadas carreras, estudios y profesiones. La paradoja es que la primera programadora de computadoras en la historia fue mujer: Ada Lovelace. Matemática e hija del poeta inglés Lord Byron, publicó algoritmos para la máquina calculadora mecánica en 1843. Compartía sus conocimientos con sus iniciales, por miedo a ser censurada por ser mujer.

En una especie de tributo a esta pionera, ocho jóvenes expositoras hicieron apología de la tecnología en el primer encuentro de Chicas/HACKERS Argentina. Una jornada organizada el último fin de semana por Google Developer Groups (GDG) Río de la Plata y Women Techmakers en la sede porteña de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) con el Día Internacional de la Mujer Trabajadora como excusa. La propuesta, gratuita y abierta para todo el público, consistía en dar visibilidad, recursos y empujar a las chicas a que activen sus propios proyectos.

En Argentina las mujeres representan tan solo un 11 por ciento de los estudiantes de informática

Programadoras, project managers, youtubers y coordinadoras de áreas de innovación digital compartieron sus experiencias con otras a través de ponencias y presentaciones dinámicas. ¿Por qué #ChicasHackers? "La palabra Hacker es un poco vieja: eran unos tipos que se encargaban de descubrir vulnerabilidades en los programas, detectar fallas y corregirlas. Aunque algunos usaron esas habilidades para molestar, la mayoría ayudó a mejorar mucho Internet y programas que usamos en la actualidad. Desde hace un tiempo para muchos la palabra hacker tiene otro significado. Elegimos la palabra hacker para este evento porque nos identifica con gente que rompe los esquemas, que sobresale", explicó Matías Punx, uno de los managers del GDG Río de La Plata.

"¿Por qué son importantes las mujeres en tecnología?"

Cuando Laura empezó a cursar la carrera de Ingeniería, entraba al aula y era la única chica. Y hasta tuvo profesores que le recomendaban abandonar. "No te tenés que dejar llevar por los que te ponen trabas ¿Qué hubiera pasado si yo le hubiera hecho caso a aquellos que me decían que la tecnología no era para mí? Tenés que seguir para adelante y siempre en el camino vas a encontrar gente que te empuja y que cree en vos", aclaró con optimismo tras su exposición sobre "Chicas fullstack".

En su historia personal, la hegemonía masculina se repitió cuando ingresó en el mundo laboral. Ahora trabaja como programadora para el gobierno nacional desarrollando aplicaciones de uso interno. En su trabajo son 100 hombres y 4 chicas. El caso puntual es el botón de muestra de la tendencia nacional: cada diez varones en el mundo de los profesionales tecnológicos, sólo hay una mujer.

"Somos muy pocas y las chicas tampoco tienen modelos a seguir. Por eso estamos trabajando en estos encuentros y talleres para que conozcan otros perfiles. Hay que romper las estructuras. Está el mito que programar es algo aburrido. A mi me pareció fascinante: es crear tus propios proyectos. No es simplemente tirar código", dijo Laura.

En su intervención en #ChicasHackers, Carolina Hadad trató de convencer a todos: "¿Por qué son importantes las mujeres en tecnología?" fue el título de su ponencia. "Necesitamos más mujeres en tecnología, potenciar a las próximas generaciones en emprendimiento y tecnología", dijo.

A pesar de haber ido a una escuela humanística en la que le enseñaban latín y Derecho, Carolina estudió y se convirtió en programadora. Hoy, con 27 años, trabaja coordinando un grupo de colegas en el sector público. Y, además, forma parte de Girls in Tech, una organización global sin fines de lucro fundada en 2007 en Silicon Valley que busca que las chicas pasen a ser creadoras de tecnologías, más que consumidoras.

Las palabras y el deseo de Carolina no son meramente declamativos. El año pasado en Argentina, Girls in Tech hizo un hackathon con 24 estudiantes de colegios secundarios. Especialistas y mentores compartieron con ellas herramientas para programar. Un grupo de adolescentes de José León Suárez, en provincia de Buenos Aires, se llevó hecha una aplicación para el celular para implementar en su barrio que advierte a los vecinos sobre las zonas inundadas cuando hay grandes lluvias.

Chicas Poderosas: azúcar, flores y muchos colores

En #ChicasHackers, Celeste Acosta habló sobre "Innovar en medios digitales". En rigor, a Celeste nadie la conoce así. Desde que se creó su cuenta de twitter, se bautizó Celestineia, una mezcla de su nombre de pila con Leia, la princesa de Star Wars.

Cuando tenía 4 años, Celestineia ya tenía su propia computadora y un Super Nintendo. Hoy tiene 26 y, además de seguir jugando a los videojuegos, trabaja como Project Manager en una agencia de publicidad. "Es un mundo muy masculino. La publicidad es muy machista. Los problemas que tenés en el trabajo si tenés un mal día se lo atribuyen a las hormonas. Te tenés que imponer un montón. Pero no hay que frustrarse", explicó. Ella no es programadora pero entiende todo el proceso. Por eso, sabe lidiar con aquellos que sí programan.

Todo el tiempo está pensando proyectos. Así fue que parió varios: #HaySubtes, una web de servicios para que los porteños conozcan el estado del subte; @AcaSeDona, un mapa colaborativo sobre lugares donde se reciben donaciones; @acanohayluz, otra cartografía virtual sobre los cortes de energía eléctrica y #DondeCargoLaSube, un mapa sobre puntos donde cargar la tarjeta para el transporte público.

Celestineia no está sola. Está enredada con otras. Pertenece a "Chicas poderosas Argentina" una comunidad que reúne a periodistas, comunicadoras, emprendedoras, developers y diseñadoras para innovar en medios de comunicación. Se trata de una red que funciona a nivel global. En Argentina las chicas poderosas son 700 y una grupo organizador de diez mujeres.

Hay una sobrecarga del rol de la mujer. Se le pide que se imponga, que salga a buscar desafíos pero a la vez que no deje de lado las tareas más tradicionales

Anita Massacane coincide con Celestineia: "Las mujeres tenemos que plantarnos más. Tenemos que dejar de pedir permiso". Ella es coordinadora Laboratorio de Innovación Digital en Fundación Huésped y en #ChicasHackers dedicó su charla al tema de emprendedoras en tecnología.

"Me interesé de grande en la tecnología porque, a pesar de que siempre hubo computadora en casa, me crié en una familia tradicional que creía que la tecnología era cosa de varones", contó después de haber sido oradora.

Su mirada es pujante y crítica a la vez: "Hay una sobrecarga del rol de la mujer. Se le pide que se imponga, que salga a buscar desafíos pero a la vez que no deje de lado las tareas más tradicionales".

Y las mujeres... ¿Dónde están?

Software para celulares, para autos, para televisores. En la vida cotidiana, en la medicina, la actividad económica: software en todos lados. En Argentina, mientras las aplicaciones se multiplican los graduados en las carreras tecnológicas no llegan a suplir la demanda que casi los duplica. En ese contexto, las mujeres representan tan solo un 11 por ciento de los estudiantes de informática. Este déficit es similar en toda Latinoamérica, donde sólo entre el 15 por ciento y el 20 por ciento del estudiantado es femenino.

Desde estos números partió un estudio sociológico hecho por la Fundación Sadosky, dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en 2014. El documento, llamado "Y las mujeres... ¿Dónde están?", expuso las causas de la baja presencia femenina en la informática basándose en una encuesta a 600 estudiantes. Trataron de establecer las razones del déficit y diseñar políticas que contribuyan a revertir la tendencia con la convicción de que no fue siempre así. Cuando comenzó a dictarse la carrera de Computador Científico en la UBA, en 1962, las mujeres representaban un 67 por ciento de los estudiantes, porcentaje que se elevó al 75 por ciento en la década del '70.

El estudio puso el foco en los adolescentes: muchas veces no se acercan a carreras vinculadas a la informática porque no saben qué hacen los profesionales del área. Una de las preguntas fue "¿De qué se trata programar?". Más de la mitad de los encuestados contestó: "De configurar Windows u otros sistemas operativos".

El caso de Alejandra Stamato -otra de las expositoras de la actividad- es la excepción a una regla en cuanto al estímulo que reciben los adolescentes. Cuando estaba en la secundaria un profesor de matemáticas le dijo: "Vos vas a ser ingeniera". Y la profecía se cumplió: se recibió de Ingeniera en Sistemas. Hoy tiene 25 años, es programadora, Android Developer y trabaja en Despegar.com. Además es profesora y estudia actuación. "La carrera no fue fácil", apuntó durante en el panel que protagonizó sobre "Versión mobile. El camino de web a mobile".

Cuando otra chica se sorprende por la profesión de Laura Morinigo, ella responde: "Sí, tengo tacos y programo". Con zapatos de taco aguja, plataformas, zapatillas deportivas, polleras, pantalones o de la forma que cada una elija, las mujeres y la tecnología se cruzan en caminos donde la solidaridad, el trabajo en red y compartir conocimientos son las claves para derribar estereotipos y multiplicarse en un ámbito perfumado con testosterona.