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'No necesito a un hombre para ser madre': así viven madres solteras por elección

Conocemos el testimonio de varias mujeres que decidieron emprender la maternidad en solitario, sin necesidad de un hombre.

Anna Pacheco

Anna Pacheco

Foto de Valeria Zoncoll vía Unsplash

Cada vez más mujeres deciden vivir la maternidad de forma distinta. Las madres solteras por elección es el término que engloba a todas esas mujeres que deciden emprender la maternidad en solitario y a través de técnicas diversas. El fenómeno está en auge: según el Instituto Nacional de Estadística, más de un millón y medio de hogares están formados por madres con hijos y, de ese millón y medio, se calcula que el 13 % son madres solteras. Aunque no existen cifras oficiales de cuántas de ellas lo son "por elección", el IVI ―el principal instituto de referencia en técnicas de reproducción asistida en España― asegura que este perfil de mujer ha crecido un 58% en los últimos años. El informe subraya que "madres solteras ha habido siempre, aunque no por elección", pero por ahora aún son pocos los estudios centrados en este modelo de familia.

Hemos hablado con varias mujeres que forman parte de la Asociación de Madres Solteras por Elección para que nos cuenten sus propias experiencias:

Fotografía de Pablo Viñas cortesía de Ana Marta Alonso

Ana Marta y Nahia, Cantabria

Ana Marta tiró su último cartucho después de cinco abortos y una relación frustrada. A los 42 años, por fin, lo consiguió: estaba embarazada. Desde que se casó, a los 35 años, intentó por todos los medios quedarse embarazada. Pero su expareja abandonó la partida antes de tiempo: "Tiró la toalla con la relación y también con la idea de tener el hijo", explica Ana Marta por conversación telefónica a Broadly. Pero ella no. A sus 42 años tenía claro que aquella era su última oportunidad y no podía dejarla escapar. Decidió seguir adelante con el tratamiento de reproducción asistida que estaba en marcha. Y esta vez, a la tercera, funcionó. Así llegó al mundo Nahia, una niña que enero cumplirá siete años y que en el colegio cuenta que ella nació gracias a un "médico muy simpático que puso unas células en la barriga de su mamá". Aquí no hay papá que valga. "Yo no se lo dije a mis padres hasta que no tuve el implante de embriones hecho, porque como el divorcio era tan reciente seguro que me habrían dicho que me esperara o me lo pensara bien". Pero ella no tenía tiempo para pensárselo. "Lo tuve muy claro desde el principio y es la mejor decisión que he tomado", reconoce Ana Marta. Eso sí: le costó el puesto de trabajo. En aquel momento trabajaba en la construcción en Murcia, y a pesar de que no pidió la baja hasta el octavo mes, quisieron echarla. Y lo hicieron. Aunque el despido se consideró improcedente y la indemnizaron, Ana Marta se quedó sola y en paro en Murcia y con un hija de nueve meses.

Llega un momento en el que no puedes esperar a que llegue tu príncipe azul, porque puede que sea verde o amarillo

Ya sin trabajo, se fue a vivir a Santoña (Cantabria), lugar en el que residen sus padres. "Tengo un trabajo a jornada parcial, pero no porque quiera. Me gustaría trabajar más porque necesito el dinero", agrega. Sus padres son esenciales y le ayudan casi a diario en el cuidado de la hija. "Cuando estás sola, solo hay un sueldo y eso se nota, claro que se nota". Ana Marta vive ahora feliz con Nahia aunque seguramente hace unos años este modelo de familia le hubiera parecido extrañísimo. "¡Yo quería tener familia tradicional y numerosa!", comenta entre risas. "Supongo que ninguna de las que estamos aquí lo hacemos como primera opción, pero llega un momento en el que no puedes esperar a un príncipe azul, porque puede que sea verde o amarillo. Así que si la familia no llega, tienes que dar el paso tú misma".

Natalia y Samuel, Madrid

"Por muy preparada que esté, la sociedad lo sigue sin entender". Natalia fue madre de Samuel a los 43 años después de un tedioso proceso que incluyó un divorcio, un aborto y un intento fallido de adopción en China. Natalia se planteó la fecundación in vitro después de separarse de su pareja, con la que llevaba casada 10 años. Ella quería ser madre, lo tenía claro, y la Asociación de Madres Solteras por Elección, la ayudó a decidirse. En total, se gastó alrededor de 12000 euros para traer al mundo a Samuel. Natalia asegura que los niños están más preparados que los adultos para normalizar y naturalizar cierto tipo de cosas. "Mi madre se murió pensando que a Samuel le faltaría una figura paterna y que yo no podría sola", me explica desde su casa en Madrid.

Mi madre se murió pensando que a mi hijo le faltaría una figura paterna y que yo no podría sola

En su caso, su entorno familiar no la apoyó demasiado con la nueva situación, así que "he tenido que aprender a sacarme yo sola las castañas del fuego", explica. Un día, en la escuela, las profesoras de Samuel, que son más jóvenes, le dijeron: "¿Y para el día del padre? ¿Qué hacemos con Samuel?". Natalia critica que incluso en la actualidad se cuestionen este tipo de cosas e incluso que se celebren estos días. "Yo siempre digo que no se debería celebrar "el día del padre" o "el día de la madre", creo que se debería celebrar el día de la familia". A nivel económico, Natalia lo reconoce: "Es más difícil, yo tengo un buen trabajo y no me puedo quejar, pero admito que es más difícil para una sola persona". El apoyo de la Asociación ha jugado un papel importante en todo este proceso a quien agradece que le dieran el último empujón para decidirse: "Claro que se puede, yo creo que ninguna mujer debería renunciar a ser madre por no encontrar el amor de su vida".

Cristina y Gabino, Murcia

Un día, a los 36 años, la ginecóloga le metió miedo miedo a Cristina. Le dijo que tenía un mioma y que se planteara congelar ovocitos si tenía previsto ser madre en algún momento. También le hicieron un test de fertilidad y, en palabras de la ginecóloga, estaba un poco "al límite". "Me pegó un susto de muerte, porque no me lo esperaba. A mis 36 años no creí estar cerca de ser infértil". Y ahí, ella, que siempre quiso ser madre pero tampoco se lo había planteado en serio, empezó a pensar en esa idea. En aquel momento tenía una relación, pero solo llevaba seis meses y tampoco quería tener la presión de implicarlo a él, que hacía relativamente poco tiempo que lo acababa de conocer. La relación acabó a los tres meses y ahí es cuando de nuevo la idea de ser madre volvió con fuerza: "Pensé, si quiero ser madre, ¿a qué estoy esperando? ¿Ahora tendré que hacer un cásting de hombres a ver si encuentro al hombre?". No le apetecía. Tampoco sabía cómo abordar el tema de la maternidad sin meter demasiado presión a un desconocido. Así que decidió que iría ella sola a buscar ese hijo.

No necesito a ningún hombre para ser madre

"Tenerlo sola es una locura, pero no me arrepiento. Es la mejor decisión que he tomado", cuenta. Cristina se ha gastado alrededor de 10.000 euros en inseminación artificial y también congeló doce ovocitos por seguridad, aunque al final no ha tenido que usarlos. No descarta usarlos en el futuro, le gustaría ser madre de nuevo, pero aún no sabe cuándo. Gabino aún no ha cumplido un año y estos primeros meses de vida ha vivido con su madre en casa de sus abuelos. Ahora, planean irse a un piso por separado. "Sola es imposible. Mis padres me han ayudado mucho. Algunas madres de la asociación sé que ahorran y durante los primeros meses contratan a una persona para que les ayude, pero yo me he ahorrado ese dinero gracias a la ayuda de sus padres. Me ha ido muy bien y lo volvería a hacer así de nuevo". Cristina, además, trabaja como autónoma. Eso le permite pasar más tiempo con su hijo, pero también trabajar muchas más horas y aceptar más trabajos de los que aceptaba antes. Su familia le ha apoyado mucho, siempre han defendido su idea de ser una mujer independiente que no necesita a nadie para realizar su maternidad. "Como soy primeriza y no puedo compararlo con nada, estoy encantada. Si encuentro un hombre más adelante, muy bien, pero ahora sé que no necesito a ninguno para ser madre".

Elisa y Jose Luis, Madrid

Elisa se había fijado un límite: los 40. "Yo lo tenía clarísimo que iba a ser madre desde siempre, sola o con pareja", explica por teléfono a Broadly. Y así llegó a los 40 "sin pareja estable, pero con muchas ganas de ser madre". Elisa, como reportera de televisión, ha viajado por todo el mundo y ha tenido una vida libre de preocupaciones y ataduras. "A los 42 me planté en una clínica, pero decidí mantener el proceso primero en secreto", explica. Elisa estaba segura de que sus padres se lo desaconsejarían e intentarían convencerla para que no fuera madre sola. "Mi familia siempre ha visto que he tenido una vida despreocupada y divertida, he hecho muchas cosas, he salido mucho, seguro que me hubieran dicho que con lo bien que vivo, no necesitaba un hijo". Así que ella sola meditó la decisión, la tomó y se metió en un proceso de inseminación in vitro que le costó alrededor de 20.000 o 30.000 euros.

Se tendría que equiparar nuestra situación a la de las familias numerosas

"El proceso fue carísimo, hubo un momento en el que ya me dejé de plantear cuánto me estaba costando todo". Gastó el dinero que tenía ahorrado, pidió un préstamo y, al final, un poco de ayuda a sus padres. "También se llora mucho durante este proceso, pero la recompensa es tan grande", admite con sinceridad. Si al principio había dudas por parte de su entorno familiar, todo se disipó con la llegada de Jose Luis. Ahora a todo el mundo se le cae la baba. "La familia está encantada", explica. Elisa y Jose Luis viven en Madrid por motivos laborales mientras que la familia está en Murcia. Su vida ha cambiado y su orden de prioridades también: "Estoy muy satisfecha de haberlo tenido a la edad que lo he tenido, porque siento que ya lo he hecho todo y ahora me apetecen otras cosas, que es estar con mi hijo y disfrutar de él, no echo en falta lo otro". "La ayuda de alguien es esencial cuando no están los abuelos. Yo, por ejemplo, tengo a una chica que me ayuda con el niño y limpia un poco. Pero entiendo que hay muchas madres que no pueden permitírselo. Es caro", reconoce. Elisa critica que faltan ayudas de la administración y que las madres solteras se encuentran muy desamparadas. Además, la situación de cada una puede variar mucho en función de la comunidad autónoma en la que resides. "Al menos se tendría que equiparar nuestra situación con la de las familias numerosas", concluye.