¿Estamos evitando las mujeres tomar la píldora por miedo a ganar peso?

Un nuevo estudio ha descubierto que las mujeres con sobrepeso u obesidad "podrían ser reticentes" al uso de anticonceptivos hormonales porque normalmente se asocian a un aumento de peso.

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ene. 9 2017, 7:50am

Photo by Beatrix Boros via Stocksy

¿Los anticonceptivos hacen aumentar de peso? Esta es una pregunta que Planned Parenthood, el New York Times y otras tantas páginas en español encuentran necesario formular en sus sitios web. Según la mayoría de argumentos científicos, los anticonceptivos no hacen ganar peso, pero aun así, si se busca en Google "aumento de peso anticonceptivos" se obtienen más de 435.000 resultados.

En un reciente estudio llevado a cabo por la Universidad de Medicina de Penn State y publicado en la revista Contraception, los investigadores trataron de examinar los efectos de esta supuesta correlación, entrevistando a 987 mujeres sexualmente activas y poseedoras de un seguro privado de salud sobre su altura, su peso, su percepción de dicho peso y el uso de anticonceptivos, entre otras cosas. Su objetivo era analizar el modo en que la preocupación sobre el peso y su aumento podían afectar a las decisiones reproductivas de las mujeres. "El incremento de peso es un motivo comúnmente citado para el abandono de los anticonceptivos hormonales; por lo tanto el peso podría desempeñar cierto papel en el riesgo de embarazos no deseados", se explica en la introducción del estudio.

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Según sus hallazgos, las mujeres con sobrepeso y obesas tienen más probabilidades de emplear anticonceptivos reversibles de acción prolongada (ARAP) como el DIU o los implantes que las mujeres de "peso normal". Y aunque las mujeres obesas tenían más probabilidades de utilizar anticonceptivos sin prescripción o de no utilizar ningún anticonceptivo en absoluto, "estos hallazgos no llegaron a ser estadísticamente significativos".

"Las mujeres con sobrepeso y obesas pueden mostrarse reticentes a utilizar métodos anticonceptivos que creen que están asociados con el aumento de peso", concluyen los autores del estudio, "pero no queda claro en qué modo afecta eso al uso de los anticonceptivos".

Renee Engeln, psicóloga y directora del Body and Media Lab de la Universidad del Noroeste que repasó el estudio con Broadly, afirma que podríamos estar ante una extrapolación inexacta: "El hecho de que las mujeres con sobrepeso y obesas del estudio dijeran que usaban anticonceptivos no asociados con el aumento de peso no significa necesariamente que eligieran el método a partir de un miedo relacionado con su imagen corporal", advierte.

"En realidad no hay evidencia directa alguna de que las mujeres más corpulentas eviten los anticonceptivos orales debido a preocupaciones por el aumento de peso", indica por email. "Ni siquiera evaluaron si las mujeres del estudio estaban preocupadas por el aumento de peso y su evaluación de la percepción de su propio peso por parte de las mujeres no estaba significativamente relacionada con la elección de métodos anticonceptivos".

Podría ser que el aumento de peso desempeñara determinado papel en estas decisiones, pero este estudio no lo demuestra

Cynthia H. Chuang, profesora de medicina y ciencias de la salud pública en la Universidad de Medicina de Penn State y una de las autoras del estudio, afirma que "la principal motivación de su equipo era llegar a comprender mejor por qué las mujeres de diferentes características físicas optan por diferentes métodos anticonceptivos", citando un estudio llevado a cabo recientemente por Julia Kohn de Planet Parenthood concluyó que las mujeres obesas tenían más probabilidades de utilizar ARAP y métodos que no necesitan prescripción médica. Sin embargo admite que "solo fueron capaces de concluir que el miedo a aumentar de peso podría ser un factor de motivación a la hora de decantarse por determinado método anticonceptivo".

Y aunque reconoce que "no pudieron probar que aquella fuera la razón por la que las mujeres obesas de su estudio tenían más probabilidades de emplear ARAP, "varios diarios científicos y medios de comunicación han tratado los resultados del estudio como prueba definitiva de que las mujeres con sobrepeso evitan los anticonceptivos hormonales por miedo a ganar peso: un artículo publicado en Shape afirma que "las mujeres están eligiendo métodos anticonceptivos menos efectivos porque no desean aumentar de peso... [lo cual se aplica] especialmente a las mujeres que tienen sobrepeso u obesidad", mensaje del que se hicieron eco medios norteamericanos como Revelist, Refinery 29 e incluso la PSU mediante un comunicado de prensa.

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Engeln afirma que esta conclusión parece "particularmente extraña, dada su suposición implícita de que las mujeres más delgadas no se preocupan por aumentar de peso, lo cual es absolutamente falso". Además, añade, "Podría ser que el aumento de peso desempeñara determinado papel en estas decisiones, pero este estudio no lo demuestra". Cuando le preguntamos por esta cuestión, Chuang estuvo de acuerdo y reconoció el miedo universal que tienen las mujeres a ganar peso.

Según varios estudios recopilados por Statistic Brain, el 91 por ciento de las mujeres se sienten suficientemente infelices con su cuerpo como para recurrir a la dieta. Incluso dentro del estudio de Penn State, los investigadores descubrieron que, aunque solo el 42 por ciento de sus sujetos tenían sobrepeso u obesidad, la mitad de las mujeres creía que tenía sobrepeso. Dado que muchas mujeres sienten ansiedad en torno a su imagen independientemente de su índice de masa corporal real, es bastante posible que las mujeres de "peso normal" también estén preocupadas por el aumento de peso como efecto secundario potencial de los anticonceptivos hormonales.

Las mujeres son completamente capaces de sopesar los pros y los contras de las distintas opciones en lo relativo a su salud

En un comunicado de prensa que acompañaba al estudio de Penn State, Chuang afirmaba que los profesionales de la salud deberían ser conscientes de que es posible que las mujeres tomen sus decisiones en lo relativo a la contracepción movidas por preocupaciones relacionadas con la imagen corporal, pero que esto podría suponer una oportunidad positiva para "aconsejar a las mujeres acerca de los ARAP, que son métodos anticonceptivos más eficaces".

Engeln se muestra cautelosa acerca de emplear los temores de las mujeres por ganar peso para dirigirlas hacia determinados tipos de métodos anticonceptivos. "Las mujeres son completamente capaces de sopesar los pros y los contras de las distintas opciones en lo relativo a su salud por sí mismas", afirma. Los ARAP presentan numerosos beneficios, como una mayor eficacia a la hora de prevenir el embarazo en comparación con la píldora anticonceptiva, los parches o los anillos vaginales, o como el hecho de que no sea precisa intervención alguna después de insertarlos; pero también tienen algunos efectos secundarios potenciales. No obstante, todo esto es información que los médicos deberían proporcionar a las mujeres cuando sopesan sus opciones anticonceptivas, independientemente de si tiene miedos específicos en torno a ganar peso a causa de la píldora.

La historia de la trivialización de las facultades de las mujeres para tomar decisiones relacionadas con su salud es muy larga, especialmente en lo relativo a la salud reproductiva: en un ejemplo particularmente atroz de esta tendencia, las pruebas de embarazo modernas se inventaron en 1928, pero hasta 1977 las mujeres no tuvieron acceso a las pruebas de embarazo caseras, ya que algunos creían que las mujeres emplearían los productos "en un estado de ansiedad emocional" que impediría que siguieran "hasta las instrucciones más sencillas". De forma similar, las primeras mujeres en probar los anticonceptivos hormonales lo hicieron sin saber que las píldoras impedirían que se quedaran embarazadas y muchas de ellas abandonaron el estudio inicial porque no eran capaces de soportar los efectos secundarios que normalmente asociamos con determinados tipos de anticonceptivos en la actualidad: hinchazón y cambios de humor.

Por supuesto, no es necesariamente falso que las mujeres no confíen en su capacidad de tomar decisiones relacionadas con el cuidado de su salud: según un estudio llevado a cabo por el Harvard Business Review, el mayor impedimento para el acceso a la sanidad en Norteamérica es el hecho de que la industria "no ha conseguido desarrollar una comprensión matizada de (y un compromiso con) las mujeres como consumidoras y personas capaces de tomar decisiones". El 58 por ciento de las mujeres encuestadas dijo a los investigadores que "carecía de confianza en su capacidad de tomar buenas decisiones en lo relativo al cuidado de la salud para ellas mismas y para sus familias" Sin embargo, el problema no radica en las mujeres sino más bien en un sistema que constantemente las subestima o ignora. Los autores del estudio sugieren que los médicos solucionen este problema sistémico "fomentando el diálogo y proporcionando una comunicación clara. Ofreciendo información a las pacientes" que les ayude a tomar sus propias decisiones.

Dicho en otras palabras, las mujeres podrían beneficiarse de contar con médicos dispuestos a y capaces de mantener conversaciones sinceras sobre los procedimientos y la prescripción. En términos de contracepción, el potencial aumento de peso es un efecto secundario, entre muchos otros, que los médicos pueden y deben mencionar a sus pacientes, pero Engeln advierte de que no es preciso estereotipar o generalizar entre las mujeres en lo relativo a la recomendación de ARAP.

"No hay razón para que la salud reproductiva se convierta en otro dominio más en el que las mujeres son infantilizadas haciendo generalizaciones sobre su capacidad de tomar decisiones", afirma.