Ilustración de Eleanor Doughty

Hasta que la muerte me separe: las mujeres que se casan consigo mismas

Dan el "Sí, quiero" a la sologamia.

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15 junio 2017, 9:42am

Ilustración de Eleanor Doughty

En 1993, Linda Baker, una higienista dental de Los Angeles, decidió que estaba harta de "esperar a que se produjera la cadena de acontecimientos que desembocan en poder disfrutar de un pastel de bodas". Dispuesta a solucionar el problema por su cuenta, invitó a 75 de sus amigos más cercanos para que la vieran dirigirse al altar a través de un improvisado pasillo instalado junto a un bar. Después, por el poder conferido a un amigo suyo, fue declarada su propio "marido y mujer", todo en uno.

Tuvieron que pasar poco más de dos décadas para que el "automatrimonio" fuera considerado un "fenómeno" por parte de la prensa. En 2014, Sasha Cagen, autora del libro Quirkyalone: A Manifesto For Uncompromising Romantics (Felices solos: un manifiesto para los románticos empedernidos) , prometió profesar una devoción inamovible por sí misma durante una boda consigo misma en Buenos Aires. Cagen insiste en que su matrimonio no tuvo nada que ver con el celibato o con dejar de tener citas, sino que fue un intento de acallar una voz interior que decía que nunca se sentiría completa sin un hombre. "Para mí, la idea giraba en torno a sentirme completa por mí misma", explica a Broadly.

Actualmente, si nos fiamos de los informes más recientes, muchas mujeres millennial están eligiendo casarse consigo mismas en lugar de continuar buscando una pareja de por vida en el lúgubre Tinder. Hartas de los pesados de sus padres y de ver a sus amigas felizmente casadas, al parecer están reuniendo a sus amigas y pronunciando ante la concurrencia, "Con este anillo, yo me desposo".

En realidad resulta difícil calcular cuántas personas solteras han saltado al tren del "automatrimonio". Hablé con varias personas pertenecientes a este movimiento y todas me dijeron que han recibido más preguntas de los medios que de aspirantes a sológamos. Como cabría imaginar, la sologamia no es reconocida como contrato legal vinculante por Norteamérica, el Reino Unido, la Unión Europea y la mayoría de padres, pero a los adeptos parece no importarles. Este movimiento consiste en abrazar la pompa y solemnidad de una ceremonia nupcial rechazando al mismo tiempo la "tiranía de la relación de pareja".

"Antes, hacerse mayor y seguir soltera era incluso más aterrador que ahora"

Cuando Cagen se casó consigo misma, descubrió que adoptar todos los símbolos tradicionales de una boda ―el vestido, los votos, el anillo, los invitados― le ayudó a hacer que las promesas que se había hecho a sí misma exclusivamente en privado se volvieran reales. "Crear un ritual es más poderoso que simplemente sentarte en tu habitación y escribir en tu diario que quieres amarte a ti misma, o incluso escribirte una carta de amor a ti misma", indica Cagen. "Cuando haces un ritual, estás haciendo una promesa. Es como trazar una línea en la arena de gran envergadura y profundidad, igual que sucede con el matrimonio tradicional".

Desde la boda de Cagen consigo misma, una pequeña industria de asesores, planificadores y proveedores ha empezado a intentar que las ceremonias de "automatrimonio" parezcan tan trascendentes como las que se celebran entre dos personas. En Kyoto, un servicio de "autobodas" para solteras ofrece cambios de imagen, sesiones de fotos y una pequeña ceremonia por unos 2.250 € (resulta curioso, pero el paquete también incluye la opción de alquilar un hombre "decorativo", de entre 20 y 70 años, para que pose junto a las solteras en su mágico día). Otra opción es apuntarse a un curso de "automatrimonio" de diez semanas de duración impartido por una coach que lleva años casando solteros en el Burning Man: "Es hora de vivir tu preciosa y salvaje vida al máximo", dice su sitio web. Para quienes necesiten un anillo para casarse consigo mismos, un sitio web llamado "I Married Me" los ofrece por precios que oscilan entre los 22 € y los 250 € aproximadamente, dependiendo de cuánto creas que vales.

Aunque las personas queer y los hombres también podrían beneficiarse de estas ceremonias, Cagen afirmó que la mayoría de participantes en sus talleres han sido siempre mujeres hetero. "Creo que las personas LGBTQ podrían beneficiarse de los "automatrimonios" del mismo modo ―especialmente para sanarse de traumas, de abusos o de la homofobia interiorizada―, pero no se enfrentan a la misma presión para casarse que las mujeres hetero, así que no creo que vaya a tener el mismo éxito entre esa comunidad", explicó.

Cagen escribió Quirkyalone —su oda a la vida de soltera— en 2003, una época en la que, según afirma, se instaba a las mujeres a tratar sus citas con hombres como auténticas búsquedas de empleo y la representación de la solterona amargada abundaba en los medios. "Había mucho miedo a tener más de treinta y seguir soltera cuando yo escribí el libro", dijo. "Hacerse mayor y seguir soltera era incluso más aterrador que ahora".

"Empleando el ritual nupcial como plantilla, la gente que se casa consigo misma refuerza el poder de la boda tradicional, cuando lo que intentan hacer en realidad es resistirse a ese poder".

Bella DePaulo, autora de Solteros señalados: cómo son estereotipados, estigmatizados e ignorados y aún son felices, cree que se sigue representando a las personas solteras como solitarios torturados, pero no ve el "automatrimonio" como un tipo de cultura que bloquee e interfiera en el complejo industrial de las bodas. En lugar de ello, cree que al abrazar la pompa y solemnidad de las ceremonias nupciales tradicionales, los sológamos acaban apoyando tácitamente la institución. "Empleando el ritual nupcial como plantilla, la gente que se casa consigo misma refuerza el poder de la boda tradicional, cuando lo que intentan hacer en realidad es resistirse a ese poder", afirma.
DePaulo indica que la sologamia fomenta los peores estereotipos acerca de los solteros ―que son chiflados obsesionados consigo mismos― a pesar de que las investigaciones demuestran que quienes están solos son generalmente menos narcisistas que sus amigos emparejados. "Son más generosos, hacen más labores de voluntariado y se preocupan más por sus padres cuando se hacen mayores", afirma, citando una investigación llevada a cabo por la Oficina de Estadística Laboral y el diario Social Science & Medicine (Ciencia social y medicina).

Aunque ve la sologamia como la antítesis de la filosofía con la que se identifican la mayoría de personas solteras, DePaulo opina que los matrimonios tradicionales merecen una dosis mucho mayor de sarcasmo. "¿Por qué no tenemos la misma reacción visceral frente a los matrimonios tradicionales y las parejas tradicionales?", pregunta. "Se espera de ti que te tomes un fin de semana entero y vueles a algún sitio, es increíblemente caro ¡y además esperan que les compres todavía más cosas! ¿Por qué cuando vemos todo eso no decimos instintivamente, esto sí es una celebración de lo más egoísta?".

Indica que la mayoría de reacciones negativas contra la sologamia surgen en su totalidad del hecho de que "la mayoría de personas están realmente convencidas de que la gente casada es mejor, más sana, más feliz y moralmente superior".

"Siempre nos han dicho que las personas solteras son desgraciadas y solitarias y que no hay nada que deseen más en este mundo que encontrar una pareja y casarse. Y si la encuentran, se transformarán mágicamente en personas más felices y sanas", explica. "Hoy en día es más difícil mantener ese tipo de versión de cuento de hadas de cómo es el matrimonio y la vida de soltera".
La idea de que los "automatrimonios" puedan desmantelar el complejo industrial de las bodas y a la vez traer la paz a las "torturadas" solteras parece un poco exagerada, pero habría que ser un cínico sin remedio para despreciar el esfuerzo de otra persona por lograr la autorrealización personal y considerarlo una simple exhibición de narcisismo. Incluso DePaulo dice que asistiría encantada a una "autoboda" si la invitaran. "Me gusta la idea de articular públicamente lo que es realmente importante para ti", afirmó.