Still from "Narcos." All photos courtesy of Netflix

‘Narcos’ nos pide que consideremos todas las facetas de un hombre malvado

En la segunda temporada la mayoría de las mujeres siguen siendo víctimas, esposas o trabajadoras sexuales muertas.

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sep. 13 2016, 9:40am

Still from "Narcos." All photos courtesy of Netflix

Resulta obvio que la historia del arte, o cualquier historia, puede resumirse como una obsesión por nosotros mismos. Durante muchos siglos, hablando en términos generales, nuestra inquietud colectiva por la naturaleza humana se ha centrado sobre todo en los hombres y sobre qué puede decirnos el estudio del sexo o el proceso de estudiarlo en sí mismo (hay una razón por la que los escritores, cuando escriben principalmente acerca de sí mismos y de los detalles específicos de sus miserables vidas, se consideran la voz de su generación). En una época más reciente, las mujeres han empujado para ser incluidas y se han autoincluido en el gran proyecto solo para encontrarse con acusaciones de narcisismo, pero eso daría para un artículo diferente.

De modo que, si se abstrae el atractivo de todos los productos culturales a su mera utilidad —posiblemente poniendo en duda nuestras suposiciones o desafiando nuestras creencias, o simplemente siendo un poco profundos—, entonces todo lo que consumimos debe sernos útil de algún modo. Pensaba en esto mientras veía compulsivamente la segunda temporada de Narcos, el docudrama de Netflix sobre Pablo Escobar y las circunstancias que le llevaron a ser como fue, conforme uno de los esbirros del señor de la droga colombiano disparaba a bocajarro a toda una serie de prostitutas que estaban puestas en fila, en un esfuerzo por conseguir que revelaran quién había delatado su ubicación a la policía. El plano se amplía para mostrar a todas las mujeres muertas y ensangrentadas antes de cortar la escena.

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Cuando se cuenta una historia sobre la guerra de la droga —que fue muy sangrienta y llena de muertes— durante las décadas de 1980 y 1990, esto por supuesto forma parte de ella. Sin embargo, Narcos es ficción y el modo en que elige cómo reflejar la historia es muy revelador. No se trata solamente de la relación entre Estados Unidos y Colombia, y de los motivos del primero para jugar al ajedrez político bajo la excusa de acabar con el tráfico de cocaína: se trata del mismo Escobar. Es una exploración en cierto modo clásica del tío realmente malvado visto como alguien cuya profundidad y cuyas múltiples facetas merece la pena explorar.

"Una de las cosas que sitúa a Pablo Escobar en un plano diferente de, no sé, la típica historia tipo Scarface sobre el auge y la caída de un gangster es esa especie de cualidad posmoderna que posee", me contó por teléfono Doug Miro, uno de los guionistas y creadores de la serie. "Le permite ser diferentes cosas para diferentes personas. Para los pobres posee cualidades de Robin Hood, para la DEA era el monstruo que estaba corrompiendo Norteamérica y para los agentes que iban tras él era el villano que querían atrapar". Y añadió, "Creo que para el telespectador medio su ascenso al poder es simplemente fascinante".

De hecho, Narcos se articula en torno a esta suposición. La primera temporada nos invitaba a adentrarnos en el mundo de este personaje central para verle construir con inteligencia su imperio, sobornando a los polis y a cualquiera porque el país entero está corrupto. Vemos a Escobar como un hombre de negocios que simplemente está aprovechando una oportunidad y también le vemos al mismo tiempo optando a un cargo público desde una plataforma popular que él ha creado desviando su dinero procedente de la droga para mejorar la ciudad de Medellín y comprar su silencio y su lealtad: Escobar visto como héroe popular. Hasta aquí, su imperio de la cocaína ha permanecido oculto entre las sombras y ninguno de los gobiernos cuenta con medios para corroborar sus actividades. Asciende hasta el Congreso mediante una serie de sobornos, pero cuando llega allí el Ministro de Justicia Lara y la DEA finalmente han encontrado pruebas para ir tras él. Frente a todos los miembros de la Cámara, Lara le pone en evidencia y Escobar, claramente humillado, abandona la sala.

Entonces vemos cómo se desata el infierno: envía a sus hombres a matar a Lara en un festival de tiroteos. Insta a los insurgentes comunistas de Colombia para que lleven a cabo un ataque en el Palacio de Justicia. Después suceden cosas más horribles. Es como ver a una mezcla de muchacho petulante con hombre ávido de poder preservando lo que cree que le pertenece por derecho propio, y a cualquier precio. Al final de la primera temporada también gana. Escobar acaba encerrado en una prisión poco estricta que en realidad es una mansión y acaba escapando. La segunda temporada se inicia con él a la fuga, sobornando con éxito a varios oficiales de policía del comando de búsqueda para que le dejen pasar. Los créditos iniciales destacan el momento y te invitan a disfrutar, aunque sea con reticencia, con esa muestra de influencia.

Este estudio del personaje de Escobar es, supongo, atractivo, porque a todos nos encanta ver series sobre violencia que intercala ciertas escenas sexis (es un punto a favor que también nos haga sentir como si estuviéramos conociendo un hecho histórico). A mí me pasa, aunque me pese. Cuando la veo con mi novio siempre digo "estos hombres son horribles" para tratar de mitigar el hecho de que los estoy mirando compulsivamente. Le pregunté a mi novio por qué le gusta la serie y me dijo que era "interesante" ver cómo alguien llega a ser poderoso e imparable, aunque sea por un breve período de tiempo.

La esposa y la madre de Pablo Escobar, interpretadas por Paulina Gaitan y Adriana Barraza.

Pregunté a Miro qué es lo que le gusta a él personalmente sobre la historia de Pablo Escobar. "Es una de las historias no ficticias sobre crímenes más increíbles que hayan sucedido. La oportunidad de poder contarla era muy importante para nosotros, llevábamos mucho tiempo queriendo hacerlo. Nadie, al menos en Norteamérica, había tenido ocasión", me dijo. "[La historia es fantástica] a varios niveles —lo que cuenta sobre los problemas con los narcóticos y la guerra de la droga—, pero también el personaje y el dramatismo. La caída de un hombre que llegó a lo más alto desde cero y construyó su imperio manipulando y engañando al gobierno colombiano y al norteamericano tiene dimensiones épicas. Construyó su propia prisión. Pero entonces comete varios errores fatales y debe huir de la justicia. Después comete un error tras otro y deshace todas las cosas que tanto le costó construir. Se trata de una historia trágica clásica y, como guionista, no puedes conseguir nada mejor".

La segunda temporada trata sobre todo del desmoronamiento del poder de Escobar, aunque Narcos sigue invitándonos a observar al personaje desde otra perspectiva: la del hombre de familia. "Me siento tremendamente fascinado por Escobar el personaje, como hombre que al mismo tiempo era un prolífico asesino y un devoto de su familia", dijo Miro. "Surgió de la nada pero fue tan increíblemente egoísta que no sabía qué significaba haber surgido de la nada. Dentro de él hay numerosas contradicciones y puntos extraños. Para mí, el carácter de aquel hombre era todo un misterio".

Según el productor ejecutivo de Narcos, Eric Newman, esta aproximación de largo formato a la vida de Escobar cuenta con gran mérito artístico. "Hace mucho que se intenta hacer una película sobre Pablo Escobar, pero la realidad es que en dos horas no es posible llegar a conocer a alguien suficientemente bien, más allá del aspecto más deslumbrante de su personalidad", dijo. "Tiene que ser malvado. En muy pocas ocasiones ves la otra cara de la gente. Creo que la película de Oliver Hirschbiegel El Hundimiento [sobre los últimos días de Hitler], permite ver brevemente algo de humanidad de aquellos monstruos. Y realmente eran monstruos. De forma similar, con Escobar teníamos que conocerle suficientemente bien para ver su humanidad. Los monstruos, en mi opinión, no nacen siéndolo. Incluso el peor de ellos, si te acercas lo suficiente, posee algunas cualidades que le redimen".

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En la segunda temporada, los guionistas destacan este hecho centrando gran parte de la atención en lo dulce que era Escobar con su mujer y sus hijos y lo malvado que era con otra gente. Pero, ¿qué nos quiere decir, que los asesinos no quieren matar a todo el mundo sino solo a algunas personas? Lo único que nos ofrece es el hecho de que los hombres egoístas y malvados protegen las cosas que poseen y ya podemos extrapolar esta idea a partir del modo en que mantiene su control sobre las drogas mediante asesinatos y mediante la fuerza. Pablo Escobar era un hombre malo... ¿qué finalidad puede tener humanizarle? Mientras tanto, Narcos casi nunca nos pide que consideremos a las mujeres. Las mujeres que aparecen en la serie apenas aparecen por derecho propio, cosa que queda dolorosamente patente en la primera temporada. La segunda temporada mejora un poco en este aspecto, pero la mayoría de las mujeres siguen siendo víctimas, esposas o trabajadoras sexuales muertas. La mejora es resultado de que la sala de guionistas haya aumentado su número de mujeres: antes había una y ahora hay dos.

Realmente podríamos estarnos perdiendo algo si no contamos historias que traten de presentar a un prolífico asesino con meticuloso detalles, pero yo personalmente estoy cansada de comprar la historia de que los hombres malos son buenos, o una vez lo fueron, o podrían serlo. Creo que hay cierto margen para dejarlo de lado durante un rato. En el penúltimo episodio de la temporada, Escobar se ha mudado a la granja de su padre para ocultarse. Está empezando a pensar que quizá podría quedarse ahí para siempre, incluso traerse consigo a su familia. Su padre básicamente le llama iluso y asesino. Como protesta, Escobar le replica que son sus acciones las que han hecho famoso al apellido familiar. "¿Y qué?", le responde su padre.

Hay que decir que, después de que se estrenara Narcos el año pasado, volvió a situar su nombre como referente cultural en el rap, donde la masculinidad a menudo se sobreactúa y refuerza. Life of Pablo, de Kanye West, hace alusión a él casi con total seguridad, aunque el artista dice que el título hace referencia a San Pablo, el de la biblia. En "No More Parties In LA", West rapea con un confuso acento español que "se siente como Pablo" cuando trabaja en varias cosas a la vez o sale en las noticias. Dice que es una buena sensación, como de jefe. Lo más probable es que se esté refiriendo a Escobar como hombre de negocios y no a sus demás facetas. Quizá no sea demasiado explícito ignorando el resto —el rapero Rich Homie Quan se hizo un tatuaje de Escobar, lo que parece ser un compromiso total hacia el personaje—, pero normalmente cuando se nos pide que miremos "todos los lados" de una cosa terrible, estamos ignorando algo importante o centrándonos en la parte incorrecta. Cuando West dice que "se siente como Pablo" siempre me recuerda algo que dice en su canción "Facts": ¿Alguien se siente mal por Bill Cosby?

Por el contrario, no obstante, la serie afirma que las personas buenas no lo son al cien por cien, dado que tanto los norteamericanos como los colombianos que combaten a Escobar recurren a sus propias tácticas monstruosas. Ese aspecto de Narcos recibe menos atención que el funcionamiento mental interno de Escobar reflejado mediante las amenazadoras y deprimentes expresiones faciales de Moura, que lo hace realmente bien. Resulta difícil imaginar que la serie vaya a continuar sin Escobar durante una tercera y una cuarta temporada (obviamente, él muere), dado que el mayor conflicto de la destructiva guerra que mantiene Norteamérica contra las drogas ha sido relegado a un segundo plano y ha dejado paso a la pregunta "¿Quién era Pablo Escobar?".